Miércoles, 28 de junio de 2017|

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Antoni Segura. Luis Andrés Edo, histórico anarquista

Como a menudo comentaba, de los duros años de la postguerra arranca su inquebrantable adscripción al movimiento libertario, primero, a través de las lecturas y, posteriormente, a través de los debates y la acción sindical clandestina, que lo llevaron a participar en las primeras huelgas de Barcelona contra la dictadura y a declararse prófugo del servicio militar, lo que supuso su primera detención en el castillo de Figueras en 1947.

Consiguió escaparse a Francia, pero fue de nuevo detenido tras su entrada clandestina en España en 1948. Desertó por segunda vez y marchó al exilio, donde se convirtió en una figura carismática para todas las corrientes libertarias. Después del congreso de reunificación de la CNT de 1961 se integró en Defensa Interior, el organismo creado para combatir el franquismo.

En 1966, es detenido en Madrid y hasta 1972 pasó por las cárceles de Carabanchel, Soria y Segovia, donde escribió La Corriente, libro revisado y editado en 2002. Entre 1972 y 1974 estuvo en París, pero al volver a España fue nuevamente detenido el 1 de mayo de 1974, permaneciendo en prisión hasta la amnistía de 1976.

Tras la reconstitución de la CNT de Cataluña, el 29 de febrero de 1976, formó parte del Comité Regional, del que fue Secretario General y director de Solidaridad Obrera. Pero, todavía en 1980, volverá de nuevo a la cárcel por unos meses. De esos años guardan sus compañeros los mejores recuerdos, cuando puso toda su capacidad organizativa al servicio de los más débiles y marginados, los presos sociales.

En la Modelo, Edo se convirtió en una referencia para los presos antifranquistas y le complacía recordar cómo a través de un sofisticado, a la vez que simple, sistema de comunicación interno se iban transmitiendo por toda la cárcel las noticias más importantes, como la muerte del dictador. Ese mismo sistema servía para organizar las acciones de protesta y de solidaridad con los presos que se encontraban en las condiciones más duras de incomunicación o de castigo.

Desde mediados de los ochenta, Edo dedicó todas sus fuerzas a difundir, mediante escritos, conferencias y debates, la necesidad de superar la rigidez de las estructuras organizativas e impulsar la corriente que debería aglutinar el movimiento libertario en todos sus sentidos, matices y complejidad. Su última aportación era la apuesta por la formación de municipios libres. En su última obra, La CNT en la encrucijada. Aventuras de un heterodoxo (2006) recoge buena parte de su recorrido vital y de sus reflexiones.

En los últimos años, gustaba de reunirse con los amigos que había ido forjando a lo largo de una vida dedicada a difundir las ideas libertarias y de asistir a actos donde se debatía la historia del anarquismo.

Sin duda, con la muerte de Edo desaparece una parte de nuestra historia -lástima que no llegara a publicar el libro que actualmente se llevaba entre manos- y, sobre todo, desaparece un infatigable luchador por las libertades y la dignidad de las personas que, como reconocen todos los que lo conocieron con independencia de adscripciones ideológicas, era capaz de dialogar y de abrirse a las ideas de los demás con una desbordante dosis de humanidad. Como decía ayer el recordatorio del Ateneu Enciclopèdic Popular: "Que la tierra te sea leve, Luís Andrés".

Antoni Segura es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona.


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