Miércoles, 26 de abril de 2017|

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Bombas, bombas… Las cloacas del estado no descansan

LA VERDAD SOBRE EL CASO SAVOLTA

Señores:

Al probo individuo contratado por ustedes que cobra de las cloacas del Estado, habría que retirarle los trienios, como castigo por plagio en el asunto de las bombas de las iglesias.

El departamento asignado, a pesar de las jubilaciones, relevos e incluso cambios de forma gobierno, lleva con el mismo guión cien años, a saber: cójase un crio recién salido de la adolescencia, de madre ultracatólica, o que haya estudiado en colegio del ramo, muy cabreado, un colgaderas medio fumeta, a veces enterado de que está trabajando para los de siempre y que suele contentarse con que le dejen seguir trapicheando; un joven funcionario en prácticas que se ha hecho colega de los otros y les entrega las bombas, las consignas y el jefe de negociado, al que solo conoce el funcionario que escribe las consignas, cercano a la jubilación, por edad se acuerda todavía del un tal Franco, cuando ya ni los nazis le recuerdan; solo aquellos que sufrieron a sus esbirros en sus carnes le tienen en su memoria... Y ¡voila!, ya tenemos un grupo terrorista.

Se veía venir, no había servido poner partidos de fútbol todos los días de la semana y lo de las patrias, ese invento de los dirigentes político-culturales para seguir engañando a la población, solo colaba con nuevos colores en algunas zonas, pero en las otras ya olía a naftalina.

¡¡Ay Gibraltar, Gibraltar!!: ¿Donde lavaremos el dinero a precios asequibles? se preguntan nuestros próceres.

Los libertarios continuamos siendo una minoría, pero como tenemos razón en nuestros análisis y ustedes cada vez son más chorizos si cabe, cada vez contamos con más simpatías entre la población y había que cortar de raíz aplicando la receta de siempre: que las cloacas del poder organicen unos atentados, acusen a los anarquistas para denigrarlos como terroristas, y de paso detener a unos cuantos o a unas muchas y meter el miedo en el cuerpo al pueblo para que dejen de movilizarse.

Si no se para la contestación popular, dentro de poco estallará otra bomba mal programada en alguna catedral como la de Valencia (¿Santo Grial?), Santiago (¡y cierra España!) o Granada (guiño al terrorismo musculmán), y antes o después matará a una pobre vieja que ha ido a rezar, ya que no puede pagarse las pastillas contra la artritis, que Santa Casilda le quite el dolor; o si el que pone las bombas empieza a plantearse demasiadas cuestiones que desaparezca antes de que obtenga conclusiones.

Ya tenemos un muerto y una excusa perfecta para la represión generalizada, que las rebajas vendrán después.

Aunque suene reiterativo, vamos a recordarlo: los libertarios somos ingenuos, no gilipollas, y el uso de la violencia en un país de tradición occidental solo da argumentos para la represión, sin entrar ahora en el debate ético del método.

La iglesia católica, que no la religión es un poder secundario, en decadencia, y hasta sus cabezas pensantes se han dado cuenta que o cambian el discurso o sólo lucirán en los entierros.

Los auténticos jefes son los que detentan el poder financiero-energético-hídrico y contentan con pingües contratos a los políticos y dueños de los medios de comunicación. Contra ellos tenemos que lanzar nuestros ataques, pero no con bombas que encima nos tocará a nosotros pagar el seguro, sino desenmascarándolos, ridiculizándolos, agotándolos.

Asustar, nos asustarán, pero no por ello conseguirán que nos callemos ni que dejemos nuestro orgullo, porque estamos hartos, como es “vox populi” no se puede engañar todo el tiempo a todo el mundo.

Un país con más de cuatro millones de cámaras de vigilancia, mira tu que casualidad todas las que estaban donde los atentados y alrededores, no funcionaban, o justamente ese día no estaban.

Señores:
Por favor contraten a un escritor de algún taller de literatura creativa, que ya saben ustedes que ahora están tirados de precio para que les cambie el guión, que éste ya huele.

Por nuestra parte, nos comprometemos a seguir despreciándolos y a intentar explicar al máximo de gente que todo lo que hacen son ruindades tras mezquindades.

Por el momento, ustedes tienen la fuerza, nosotros seguimos teniendo la razón. Ahí se pudran.

PACO RODRIGUEZ SÁNCHEZ Y UNOS CUANTOS.