Lunes, 20 de noviembre de 2017|

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Cataluña 2017 (Vista desde La Rinconada, comarca soriana del Moncayo)

Cuando paseo por los terrenos del Fórum de Barcelona pienso que con el dinero empleado allí podía tener nuestra provincia unas adecuadas infraestructuras de transporte. Y me pregunto: ¿qué se plantea aquí?, ¿de verdad se les esquilma? Escribo lejos de los frenesís (o frenesíes) de las calles catalanas, en alguno de los cuales estaría bien a gusto, aunque otros los rechace. Tentaciones. Ya se sabe que al neocapitalismo, desde los ochenta, le gusta vender experiencias. Llevo varios meses sin leer las páginas de política de los periódicos y sin escuchar telediarios o tertulias sobre el asunto que encabeza este escrito, por las abultadas manipulaciones de que son objeto. Digamos, pues, que no me emociona, que no me solivianta, a pesar de que a lo largo de mi vida he tenido vínculos constantes (intelectuales y afectivos) con esa tierra, incluidos los de ser oriundo de La Bisbal de L’Ampurdá. Ello no quiere decir que no piense en lo que es conversación común en cualquiera de los ambientes en que se desenvuelve mi existencia. A tal punto que me siento a escribir sobre ello para aclararme en los criterios y no darles vueltas (inútiles y diarias) en mi mente. Este texto es algo así como esas Cartas desde la tierra que escribiera el personaje alado de Mark Twain. Vaya por delante que lo primero que me aparece es cómo la política se las apaña para que el personal esté embebido en asuntos varios, aunque los campos se estén agostando en octubre. Y no sólo eso, sino cómo ha dado la vuelta a la tortilla, pues en 2011 tuvieron que salir del Parlamento custodiados por la policía ante el cabreo popular, disuelto ahora como un azucarillo. De ahí que quería mostrar las ventanas desde las que observo esta pequeña conmoción. Ahí van: · No entiendo porqué hay gente que desea que la aten más corto. Un gobierno es apetecible para quienes lo ejercen (coloquialmente, para quienes mandan), pues les aporta prestigio y dinero. Posición, Capacidad adquisitiva y Poder. Pero, se me figura que, para el personal, es mucho más apetecible una cuerda larga que una corta a la hora de que nos controlen. En el caso que nos ocupa no se pide libertad, se pide dependencia de un gobierno propio. · Tal vez lo que más ha contribuido a dar la vuelta a la tortilla ha sido el (hábil) planteamiento de un referéndum –«tenemos derecho a…»‒. ¡Vaya!, resulta que ahora el introducir un papelito en una urna proporciona libertad, nos libra de un gobierno central opresor. Por supuesto, ese día, quienes lo plantean son la gente más pacífica del mundo (y, claro, no están en primera línea para recibir los palos que se escapan). · ¿Qué diferencia hay entre el partido que gobierna en España y el que lo hace en Cataluña? Socialmente no hay diferencias sustanciales, ni siquiera en la corrupción. Ambos mantienen similar sociedad neoliberal, neocapitalista. Las discrepancias aparecen porque ambos desean ser cabeza de león. Si miramos el resto de fuerzas, el examen daría resultados parecidos. · Hablando con las amistades de allí, ante quienes objetan dependencia, veo a quienes conozco algo bien y me digo: esta/e depende de su pareja, de su familia, del whatsapp, de su pasado, de la empresa donde trabaja, del banco en que se hipoteca, de los partidos que le gobiernan, de los organismos que le aleccionan, de la burocracia europea, de la economía global… y no termino de entender porqué la lían tan gorda pretextando que “los españoles” le están oprimiendo. · La Administración pública es una gran empresa, con lo que convierte a quienes trabajan en ella en obreras/os. El resultado aquí es que la independencia es un oficio. Proporciona numerosos puestos de trabajo, no solo a quienes se ocupan directamente de la política –parlamentarios/as, consellerías, concejalías–, sino a un abultado número de designaciones directas –direcciones generales, asesorías, embajadas, etc.– y entidades que subvenciona –medios de comunicación, empresas de publicidad, elaboración de informes, etc.–, por no hablar de que los puestos más privilegiados en ámbitos como Sanidad, Enseñanza, Deporte o Cultura son ocupados paulatinamente por personas que no se posicionan contra las directrices de dicho oficio. · En mi pueblo queda menos gente que la que hay en Cataluña trabajando. Cuando vienen no saben bien quiénes son. La Mercedes, el Manuel, la Dolores, el Pedro… se han convertido, por orden de la Administración, en la Mercé, el Manel, la Dolors, el Pere… ¿Necesita víctimas el proceso? · La política administrativa independentista alimenta otro victimismo. Es un valor seguro a la hora de unirse contra algo. Todo el mundo nos sentimos víctimas una u otra vez a lo largo de nuestra existencia. Si tenemos la madurez suficiente para analizarlo, da un resultado aproximado en el 90% de las veces de que no es como pensamos. Pero es más rentable que el personal esté en adolescencia permanente. · Mi afinidad con otras personas se basa en la concepción que tenemos de la sociedad y en afectos de carácter, pero no en los territorios en que viven. Tengo a “nación” o a “patria” por conceptos vagos –el “lugar donde se nace”, la “tierra de los padres”–, que ciertamente proporcionan sensación de pertenencia y configuran una cultura en la que se desenvuelve desde la infancia, pero que tiene similitud en los distintos territorios en los que se habita; es decir, el nacer o vivir en un lugar determinado no da algo distinto de haber nacido o vivir en otro. · Los nacionalismos tienen gran carga económica. Dejando a un lado el argumento nacionalista que se utilizó en el siglo XIX por parte de los países destacados en la revolución industrial –Inglaterra, Francia, Alemania– para justificar su expansión colonial y repartirse buena parte del mundo, aparece el nacionalismo como sustituto de la religión, principalmente en Estados Unidos, cuando, ante la avalancha inmigrante europea, se congrega a quienes llegan por su origen, con lo que la burguesía industrial los mantiene más pacíficos (se desarrollan lazos de solidaridad entre afines y se amortigua la reclamación social). En Cataluña se da un consenso en la burguesía industrial textil, plasmado en el documento de 1883, en que se pide la independencia para controlar toda la situación beneficiosa del momento; se procura que la gente apoye dicha opción, pero la mayoría obrera (anarquista y socialista) prefiere el internacionalismo, pues se siente hermanada con el resto del obrerismo, habite donde habite. Ante ello, se trabaja la opción política, prometiendo un lugar en la arcadia, con lo que nacen los partidos separatistas. El tiempo los integra en esa gran empresa que es la Administración pública, desbancando al núcleo original burgués, y alimentándose a sí misma. · En La Rinconada se puede almorzar en Aragón, comer en Navarra, merendar en La Rioja y cenar en Castilla (o al revés). ¿Acaso es solo verdadero el (supuesto) Dios de una religión concreta? · Esta gran empresa produce la existencia del parlamentarismo que un día decide proclamar la independencia del territorio catalán, ya que no le supone riesgo personal alguno y, en todo caso, le reporta los laureles del “martirio”. · Lo que ocurre en Cataluña tiene repercusión en España. Por un lado, favorece la aparición del españolismo rancio, pernicioso a la convivencia, y da lugar a manipulaciones del Gobierno en los medios de información que controla. Y, por otro, posibilita las maniobras de partidos que se desenvuelven cómodamente en las medias verdades y desean participar en ese venero de votos; es decir, denuncian actuaciones concretas del gobierno central, pero no las manipulaciones del proceso nacionalista. · Somos animales simbólicos. Montamos en el tren. Atravesamos fronteras, construyéndolas. Pero las quimeras no nacen ‒así lo afirma ahora la antropología‒ de la especificidad, sino del mismo instinto.

Desde estas ventanas me asomo a veces a Cataluña y veo con asombro algunas (burdas) manipulaciones estos meses. La más obvia, la de la fecha del referéndum en el primer día de octubre, puesta ahí para que luego se proclame el 1-0 y para que un elemento emblemático como es el club Barcelona (o más propiamente tendríamos que decir, el Rakuten) juegue su partido a puerta cerrada y pueda pasear esta “injusticia” por el mundo entero. Pero aceptamos estos manejos. Alguien tiene que pensar por nosotras/os. Cuando suceden momentos de efervescencia pública, nadie puede explicar el porqué (aunque resta por solventar qué hacer con quienes no se suman a ellos). Los elementos que confluyen o su suma no logran aclararlos: publicidad, rico tejido social, manipulación, entusiasmo, consignas, wonderlust, exclusivismo, sed de libertad... Es la sinergia (indescifrable) la que los hace irrepetibles y les concede atracción, incluso en su lado oscuro. ¿Serán las estrellas? Sonriente, el capital (nos) espera. La Rinconada (Soria), 26 de octubre de 2017