Sábado, 27 de mayo de 2017|

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Cerca del crimen y lejos de la razón

La carrera literaria de Ruth Rendell corre paralela a la de Patricia Higsmith, la autora norteamericana que hizo de Tom Ripley una de las figuras más carismáticas de la novela criminal. Discípula aventajada de doña Patricia, esta inglesa de armas tomar se ha convertido en la nueva “Reina del crimen”, un título que avalan sus más de sesenta libros, escritos a lo largo de cuarenta años de éxito absoluto.

Londinense de nacimiento, la veterana Ruth Rendell inició su carrera en 1964 con la novela “Dedicatoria mortal”, el primer caso de la serie del inspector Wexford, protagonista infatigable de sus relatos policíacos de tipo tradicional.

Apasionada de las ciencias humanas, en su segundo ciclo narrativo, dedicado a lo que la autora llama “misterios sicológicos”, la intriga cuenta menos que “el análisis de los movimientos imperceptibles que conducen a los seres más ordinarios a los peores disparates.” A este grupo pertenecen los libros “El árbol de manos”, “Uno horizontal, dos vertical”, “El señor del páramo”, “La muñeca asesina” y “Carne trémula”, en los que la autora recrea lo que de siniestro existe en determinadas familias de la clase media anglosajona, atrapadas por el crimen y la destrucción.

En su obra maestra, “Un juicio de piedra”, trasladada al cine por Claude Chabrol con el título de “La ceremonia”, Ruth Rendell comienza su relato con estas palabras: “No había motivo ni premeditación reales, no buscaba dinero ni seguridad. Eunice Parchman asesinó a la familia Coverdale, porque no sabía leer ni escribir...”

Sobre estos parámetros, gira también la acción de la novela “La demoiselle d´honneur”, trasladada al cine por el reincidente Chabrol, con el título de “La dama de honor”.

Narradora de cuentos excepcional, los relatos de Ruth Rendell indagan sobre los mecanismos de la naturaleza humana, en un clima literariamente perfecto, salpicado de amenazas y de silencios. Un aire de opresión que los lectores agradecemos por lo que tiene de auténtico y de turbio.

La dama de honor (Francia, 2004)

Director: Claude Chabrol
Ayudante de dirección: Cécile Maistre, Vincent Guillerminet
Producción: Antonio Passalia, Patrick Godeau, Alfred Hürmer
Guion: Pierre Leccia, Claude Chabrol, Ruth Rendell
Música: Matthieu Chabrol
Fotografía: Eduardo Serra
Protagonistas: Benoît Magimel, Laura Smet

Como ya es costumbre en el director Claude Chabrol, la novela de Ruth Rendell ha sufrido algunas modificaciones; la primera de ellas es la de su localización en Francia y la segunda, el escenario familiar de la clase media tan cercano al autor de “El carnicero”. Pero vayamos al argumento, tan sugerente como todos los de la escritora inglesa.

“La desaparición de una muchacha sirve para presentarnos a Philippe, un joven de 25 años que vive con su familia en las afueras de Nantes. Durante la boda de su hermana mayor Sofía, Philippe queda fascinado por la belleza de Senta, la dama de honor de los recién casados. Iniciada la relación en la que el sexo juega un importante papel, la perversa Senta le exige que como prueba de amor, cada uno de ellos deberá matar a una persona desconocida...”

A partir de aquí, los malabarismos cinematográficos de Chabrol conducen la historia a un crescendo de situaciones límite, que se clausura con un golpe de efecto bastante convencional. Nos encontramos ante el típico homenaje del director francés a su maestro indiscutible, Alfred Hitchcock. Y en este homenaje tiene mucho que ver la novela de Ruth Rendell, que aunque no lo hemos dicho todavía, parece seguir las pautas del “intercambio de crímenes” de la gran novela de Patricia Highsmith, “Extraños en un tren”, llevada al cine por el rey del suspense.

Sin ser una obra mayor como “La mujer infiel” o “La ceremonia”, el trabajo de Chabrol hace aflorar algunas de las debilidades inconfesables de la naturaleza humana, (en el apartado nuevas generaciones), pero esto no nos parece merito suyo, sino más bien del mundo literario de la escritora, tan cercano al de doña Patricia.

La figura inquietante de la actriz Laura Smet, que interpreta el papel de Senta, es una de las mejores bazas del film, en el que destacan, junto al protagonista Benoit Magimal, la maravillosa Aurora Clement, a la que todavía recordamos por la película “Lacombe Lucien” de Louis Malle.

En las reseñas que acabo de consultar en la prensa francesa, se acusa a Chabrol de estar repitiendo siempre la misma película, y algo de razón tienen sus detractores; sin embargo hay que reconocer que la lectura visual es buena y la “mise en scene”, excelente.

Ilustración: fotografía de Claude Chabrol

Claude Chabrol fallecido en septiembre de 2010 a los 80 años de edad, después de sus 50 largos años de profesión, participó como actor, poco antes de morir, en la película "Serge Gainsbourg, vie héroïque" de Joann Sfar