Sábado, 20 de octubre de 2018|

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¡¡¡Crisis!!!

Comencemos por la del capital: simplificando mucho, se puede decir que ésta es una crisis cíclica que se produce por el total descontrol de los mercados financieros y especulativos en su afán por seguir ganando dinero y poder, de la que se saldrá con el  desmantelamiento de casi toda capacidad de resistencia por parte de los trabajadores y quizá con un modelo de capitalismo neocorporativo aún más reforzado hasta que la siguiente crisis abra otro ciclo, cuyas consecuencias pueden ser imprevisibles, por no decir fatales, para la humanidad y el medio ambiente. Habrá que seguir analizando y discutiendo acerca de ello; es una de las propuestas que desde la Aurora lanzamos.

Ante esta situación, veamos qué se dice, cómo se reacciona: empecemos por la izquierda más “clásica” o autoritaria, y sólo para regocijo de quienes así se sientan reconfortados con el dicho: “mal de muchos…”.

Esta izquierda lleva cincuenta años en descomposición, como uno de esos zombies de película de serie B que pululan por las calles de noche, con paso tembloroso, diciendo: “¡uuuh, socialismo! ¡Uuuh, proletariado! ¡Uuuh, votadme y seréis llevados al cielo!”. ¡¿Y a qué cielo?! Al del futuro, siempre el futuro, de la sociedad sin clases donde todos -y no está tan claro que todas- seremos dichosos y felices. Mientras tanto, y según os vamos conduciendo hacia ese radiante porvenir, nosotros, vanguardia consciente del proletariado, nos lo llevamos crudo, y alguno hasta con coche oficial.

Parte de esta izquierda que ahora se arropa tras la bandera tricolor desde que vieron que la gente la sacaba en las manifestaciones contra la guerra, es la misma que colgó la bicolor en el balcón de “la Trini” allá por el 77, y que al izar la borbónica también subieron al mástil de la monarquía las banderas de las 17 comunidades autónomas en las que seguir medrando a cambio de colgar de la soga la autonomía del movimiento obrero y el pedir responsabilidades por los cuarenta años de dictadura. Una izquierda incapaz de asumir el fracaso de su proyecto “histórico” y que después de pasados casi veinte años de la desaparición de la URSS se consuela diciendo: “el modelo es valido, sólo hay que revisar los fallos y errores que se cometieron; además, la culpa es del imperialismo-capitalismo, que nos tiene manía”.

¿Pero qué ha hecho esta izquierda frente a la crisis? Nada, o más bien lo de siempre. Decir: “¡tranquilos, sed responsables! Nosotros estamos aquí para defenderos. Aguantad, que esto pasará”. Otros sectores de estas izquierdas, reunidas junto y alrededor del brasero de su ideología, sueñan con la vuelta de los gloriosos días en que el pueblo descubra la necesidad de ser guiados por la senda del socialismo, y mientras tanto pasan el tiempo haciendo encaje de bolillos en alguna que otra plataforma o coordinadora e inundando la web con su “revival” de cantinela vanguardista proletaria. Algunos de sus “intelectuales”, como mucho, han sacado a publicar a sus santos barbudos para decir: “¿veis como tenemos siempre la razón? Tenemos a la ciencia de la historia de nuestro lado”. ¡Y tan contentos!.

Uno, por más que lee y relee al santón de Tréveris, no encuentra ninguna explicación para lo ocurrido más allá de unas cuantas generalidades que sirven tanto para un roto como para un descosido, pero que no concretan nada acerca de la crisis actual ni de sus consecuencias. En cualquier caso, estaríamos encantados de debatirlo. Más que nada para afinar nuestros instrumentos de análisis. Como veréis, de la antigua socialdemocracia ahora convertida al buenrollismo ni hablamos. Queda para otro día.

Tanta comprensión dialéctica de la historia, tanta vanguardia esclarecida y tanta leche para nada. Mientras tanto, nosotros a remar, que por las cubiertas superiores corre el champán a costa de todos.

Pero dejemos estas izquierdas, pues ya habrá tiempo de debatir sobre ellas o con ellas, si es que antes algún descerebrado no nos acusa de anticomunistas y viene a “pedirnos explicaciones”. Veamos qué decimos y hacemos los antiautoritarios, los anarquistas, los anarcosindicalistas, los autónomos, etc., es decir, todos aquellos que se reclaman de la izquierda antiautoritaria o libertaria, de la anarquía. ¿Y qué hacemos y decimos? Pues más bien poco. Unos se contentan con echarle las culpas de todo a los arriba mencionados, es decir, a los partidos de izquierda, diciendo: “¿veis como teníamos razón y ellos estaban equivocados?”, para así seguir sin hacer ni plantear nada que no sea la perpetuación de su autocomplacencia. Otros, que si el “sistema” es muy malo y que por lo tanto toda alternativa que se proponga es absorbida por éste y no se puede hacer nada, o como mucho quemar una papelera o romper un escaparate, para después refugiarnos en nuestro localito, sea prestado u okupado, a sentirnos los más radicales antisistema de toda la galaxia. Éstos de mas allá, tan obnubilados por la “praxis” —o por el practicismo, que nunca se sabe—, llegan a celebrar sus “veinticinco años de paz” en los salones de algún ministerio, en un fastuoso alarde de coherencia con los fines anarcosindicalistas, como claro ejemplo de su legitimidad histórica, mientras que estos otros, encerrados con su juguete de la pureza de esos principios anarcosindicalistas, son capaces de quemar en ese altar todo lo demás, empezando por la ética y acabando por la estética. Luego tenemos a los que, sin haber visto un obrero en su vida —nada más que al fontanero, un día, en casa de papá—, nos endilgan todo un tratado —eso sí, traducido del italiano— acerca de la autonomía obrera.

Y en esas estamos. Desorientados, desunidos e incapaces de afrontar la mínima tarea de organizar una resistencia real frente a la crisis y sus posibles alternativas, más allá de un mero discurso hacia adentro. Un movimiento, libertario o como queráis llamarlo, que se muestra impotente para decir nada a una sociedad que está buscando por otros caminos y a tientas espacios de libertad, de autonomía y de resistencia. Un movimiento que a pesar de su “glorioso” pasado es incapaz de sintonizar con las experiencias y nuevas necesidades de autodeterminación social. Parece que algunos se han quedado colgados del discurso de la autodeterminación nacional y sus fetiches.

Un movimiento grupusculizado, que en ocasiones tritura a los que se acercan, mandándoles a casa con una sensación de frustración e impotencia, al no ofrecer nada más que pseudoradicalismo y automarginación. Un movimiento y unas organizaciones incapaces de conectar con la emergencia de nuevas necesidades y sus formas de expresión por parte de la gente, la multitud, la basca, o mejor dicho, de aquello que no tiene nombre ni mandamiento. Porque no olvidemos que si por algo nos llamamos libertarios es porque queremos la libertad para cada uno de nosotros tanto como la de los demás, y en esa lucha tenemos mucho que hacer y decir.

Tenemos claro que la deriva actual del Movimiento Libertario la hemos trazado entre todos y todas. Por lo tanto, es labor de todos y todas buscar una salida. Desde la Aurora planteamos abrir hoy este espacio de reflexión, como ya lo hiciéramos cuando comenzamos nuestra andadura hace más de veinte años. Porque creemos que es necesario ese debate y análisis que nos permita comprender las cosas y actuar en consecuencia….

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La Aurora de Papel nº 0