Martes, 25 de abril de 2017|

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Escuela Libre Paideia....31 años fiel al ideario educativo anarquista

En el marco de la educación en el Estado español, Paideia aparece como una de esas extraordinarias rarezas que, contra todo pronóstico, sobreviven en un medio abruptamente hostil. Con 31 años de vida a sus espaldas, la única escuela libertaria del Estado no ha dejado de crecer en los últimos años. Y lo ha hecho como gusta al colectivo promotor, a un ritmo “sostenible” y sin perder en ningún momento el ideario anarquista que le vio nacer. Pero los inicios de este curso, en el que ya se han superado las 62 matrículas del año pasado, se dibuja distinto a todos los anteriores. Paideia llora en estos momentos la pérdida, ocurrida el pasado 1 de julio, de uno de sus pilares, la reconocida pedagoga Josefa Martín Luengo. Hablar de Paideia es hacerlo de Martín Luengo, y a la inversa. Sus nombres permanecerán para siempre indisociables. Y es que Pepita, cuya influencia en el movimiento libertario y en la pedagogía de la escuela libre es innegable, dotó al proyecto extremeño de su armazón teórico, una base conceptual labrada en el día a día de la experiencia educativa. El 12 de septiembre, decenas de amistades, alumnos, profesores y simpatizantes de Paideia le dieron su último adiós en una emotiva jornada de homenaje en el mismo espacio en el que compartió tantos anhelos y alegrías. Josefa Martín Luengo, tras el intento, abortado por la Administración franquista, de poner en marcha su Escuela en Libertad en Frenegal de la Sierra (Badajoz), fundó Paideia en enero de 1978. Lo hizo en Mérida junto a otras tres profesionales de la educación: Concha Castaño Casaseca y María Jesús Checa Simó. En esta primera etapa, que se prolonga hasta 1981, las energías se centraron en formar el grupo educativo, por un lado, y el llamado “colectivo ideológico”, por otro, que trabajaba fuera de la escuela y la mantenía económicamente. Aunque la división entre estos dos grupos fue significativa durante muchos años, actualmente se halla diluida y ambos constituyen el llamado Colectivo Paideia. En estos momentos, 15 personas adultas, de las cuales seis trabajan como profesores a tiempo completo, componen un espacio que ofrece educación Infantil y Primaria y, en palabras del propio Colectivo, se halla totalmente consolidado y sigue “siendo fiel al proyecto inicial”.

Una educación diferente

Esta “escuela de la anarquía” pone en el centro de su sistema educativo al alumno, cuyo aprendizaje ha de tener una “utilidad social y no competitiva”. “No enseñamos, sino que facilitamos que el niño o la niña aprenda desde sí misma y lo aprendido lo comunique a los demás”, indican sus profesores, antes de añadir: “Nuestro trabajo educativo consiste en adaptar nuestra competencia como adultos a la suya y no en trasmitir una competencia que aún no tienen”. Son los niños y niñas las que, en régimen de igualdad y a través de la asamblea, que se halla en el centro de todo, escogen qué y cómo quieren estudiar. “La diferencia con las escuelas normales es abismal. Mientras allí te dicen lo que tienes que estudiar y de qué manera, en Paideia se negocia todo. Según los intereses que teníamos, elegíamos las materias y los talleres que tanto nosotros mismos como los profesores nos proponían”, indica a DIAGONAL una ex alumna. Para ello, los profesores fomentan “dinámicas de trabajo colectivo e igualitario, permitiendo el acceso a cuadernos de trabajo, libros y otros materiales impresos y audiovisuales”. En este marco, por tanto, resultan esenciales el “autodidactismo y la autoevaluación”, que se configuran como parte de un método donde el juego, lo lúdico, se utiliza como una constante. Los educadores aparecen como “informadores y consejeros”, sin el halo de autoridad que les confiere la educación reglada. Y es que precisamente el “combate contra toda autoridad” se configura como uno de los principios de Paideia, que persigue formar individuos libres, plenamente autónomos desde el punto de vista intelectual y socioafectivo. Libres, iguales y responsables, no sólo con la escuela o el grupo de compañeros y profesores, sino con la propia sociedad, cuyas injusticias es necesario combatir. En este punto, Paideia se aleja de las teorías neutralistas de autores libertarios clásicos como Ricardo Mella, que rechazan inculcar al niño cualquier tipo de ideología, incluida la anarquista, y sigue los postulados del catalán Josep Ferrer i Guardia, cuya influencia en la escuela es más que evidente.

“Transformación global”

“La pedagogía libertaria hay que entenderla unida a todo un movimiento social. Buscamos una transformación global de la sociedad. Para ello debemos cambiar muchos de sus valores a través de la educación, buscando apoyo mutuo, solidaridad, libertad, igualdad ético colectiva, dignidad y responsabilidad, es decir, la dicha y el bienestar del ser humano”, afirma el Colectivo. Otro de los principios que componen el ideario de Paidea es la autogestión. Según sus promotores, “no creemos ni participamos en la enseñanza oficial, sea ésta pública o privada, y negamos rotundamente que sea la única posible. Frente a ella oponemos la escuela autogestionada”, que lo es desde el punto de vista organizativo, político y económico. Aunque Paideia ha conseguido que la Administración reconozca su ciclo de educación infantil, el objetivo de este proyecto poco tiene que ver con el reconocimiento y obtención de títulos y méritos oficiales. Tampoco recibe subvenciones y su precaria economía se mantiene gracias a las cuotas de los padres y madres de la escuela. “Siempre hemos tenido una economía deficitaria, pero con lo que tenemos nos apañamos”, asegura el colectivo, que se encuentra muy satisfecho por el resultado de su trabajo en los alumnos y alumnas. “Existe una confianza plena entre profesores y padres y madres, y los niños son felices. La felicidad de nuestros chicos no la vemos fuera, en un sistema que fomenta la masificación, donde los profesores no conocen al alumnado y no se preocupa por su felicidad”, sostienen. Con semejante panorama, parece lógico que las perspectivas de futuro del Colectivo Paideia, según sus propias palabras, sean “seguir trabajando como lo hemos hecho hasta ahora, creando espacios de libertad para los jóvenes y los menos jóvenes”. Pero este inmovilismo o fidelidad a una línea marcada hace más de 30 años, que Paideia califica en términos de virtud, ha sido y es considerada por algunos sectores de los movimientos sociales como purismo y dogmatismo. Un hecho que se halla precisamente en el origen de la profunda crisis que la escuela atravesó en los años ‘80 y ‘90 y que finalizó con la salida de un amplio grupo que, en palabras de los responsables actuales de la escuela, estaba compuesto por “el colectivo de la clase médica, el colectivo de ideología comunista y el colectivo cristiano”. Paideia había crecido demasiado. “El proyecto durante esta época [1982-1990] va a experimentar un giro que se produce al incrementarse el colectivo, la cooperativa y recibir mayores influencias no libertarias”, indican en su sitio web. En esta fase se constituye una cooperativa de educadores, padres y madres y, gracias a las aportaciones económicas de éstos, se adquiere la actual sede de la escuela, que se halla en el campo. Allí se trasladaron los alumnos de EGB, mientras los más pequeños permanecían en la ciudad de Mérida. Hasta 1998, tanto la cooperativa como el colectivo viven un crecimiento espectacular, a la par que lo hace el número de alumnos, que llega a 103. Una de las razones del incremento se halla en los buenos resultados que obtiene la primera promoción de Paideia en los exámenes del Graduado Escolar. Las tensiones se hicieron insuperables y el colectivo se escinde en dos. Una parte, la minoritaria, tomó las riendas de la escuela en 1999 usando como base el proyecto originario, la escuela de la anarquía, que se mantiene hasta nuestros días. De esta última fase, en la que inician las llamadas acampadas autogestionarias con la participación de chavales de otras partes del Estado, sale la primera promoción de Secundaria que se incorpora a tercero y cuarto de la ESO.

LOS CINCO PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN LIBERTARIA PARA PAIDEIA

LIBERTAD DEL INDIVIDUO La libertad del individuo se concibe respecto al colectivo y junto a la libertad colectiva, es decir, sostiene Paideia, “teniendo en cuenta a los demás y desde la responsabilidad a vivir en grupo”.

ANTIAUTORITARISMO En la escuela se rechaza toda autoridad: “Nadie manda a nadie y todo se hace por compromisos asumidos y desde la decisión colectiva, abierta y sincera”.

COEDUCACIÓN DE SEXOS Y SOCIAL Siguiendo a Ferrer i Guardia, sostienen una “educación igual y conjunta, sin discriminación de ningún tipo por razones de género o económico-sociales”.

EL JUEGO COMO ACCESO AL SABER “Desde el juego es más fácil desarrollar la solidaridad y el trabajo colectivo, la socialización y el ambiente positivo, alegre y sincero”. AUTONOMÍA DEL INDIVIDUO El objetivo de la educación libertaria y del proyecto de la escuela Paideia plantea conseguir la plena autonomía intelectual y socioafectiva de la persona. Para ello, en sus palabras, hay que levantarse “contra las dependencias jerarquizadas y asumidas; cada individuo tiene derechos y obligaciones adquiridas voluntariamente, responsabilidad colectiva y respeto. Las personas afrontan sus propios problemas, crean sus propias convicciones y razonamientos”, concluyen.


En la imagen: SEDE DE PAIDEIA. La escuela se levanta contra la educación basada en la competitividad