Viernes, 15 de diciembre de 2017|

3 visitas ahora

 

Félix García Moriyón. La ley del número

Como cada cuatro años, estamos ante un proceso electoral, uno más de los muchos que se celebran en nuestra democracia: elecciones municipales, autonómicas, estatales, europeas, sindicales… Bajo el lema de "cada persona decide con su voto" (en origen, "un hombre, un voto"), los ciudadanos se disponen a elegir a aquellas personas que se harán cargo del gobierno de la correspondiente institución que convoca a las urnas.

La tradición libertaria es clara y contundente al respecto, y sólo en muy contadas ocasiones parece no haber sido tenida en cuenta por un número apreciable de anarquistas: no hay que votar. La argumentación central no deja mucho lugar para las dudas: la disputa por lograr estar presentes en los diferentes órganos de representación política no es nuestra lucha y poco o nada tiene que ver con un genuino compromiso político encaminado a la consecución de una profunda y radical transformación social, que será una revolución si sigue un ritmo rápido y una revolución si el ritmo es lento.

En las elecciones actuales pueden repetirse discusiones sesudas sobre la conveniencia táctica de votar o no hacerlo, sin que la decisión tomada al final contradiga en exceso la crítica sustancial al sistema electoral y a la democracia representativa. No quiero, por tanto, entrar en estas consideraciones de detalle, pues no vienen al caso y cada uno hará lo que considere oportuno, buscando las mejores razones que tenga para justificar su decisión. Lo que quiero en todo caso es traer a colación los argumentos fundamentales en contra del sistema electoral elaborados por uno de los mejores pensadores anarquistas de nuestro país, Ricardo Mella.

Sus tesis las expuso en un folleto muy claro contundente, "La ley del número", que tuve la fortuna de prologar y publicar hace ya muchos años en una edición que se puede leer en google books. Creo que es oportuno resumir brevemente cuáles eran sus tesis, no sólo porque tienen sentido en estos momentos de profunda crisis de legitimidad de los sistemas parlamentarios en Europa, sino también porque su crítica aborda diversos aspectos, algunos de los cuales no suelen ser tenidos en cuenta por los críticos actuales.

Como bien adelanta el título, el núcleo de la crítica de Mella se centra en el hecho de que aceptamos que unas personas, elegidas por la mayoría de la población, tengan capacidad para legislar sobre todos los aspectos de la vida social imponiendo sus decisiones a la totalidad de la sociedad, incluidas claro está las personas que no les votaron. Se atenta de este modo contra la libertad individual y se apuntala una invasión abusiva en la vida cotidiana de las personas ejercida por quienes en realidad carecen del derecho y del conocimiento suficiente para hacerlo. Si tenemos en cuenta además que un número no despreciable de la población no vota y que otro número más amplio no puede votar, nos encontramos en el mejor de los casos con unos parlamentarios que asumen esa capacidad de imponer sus normas avalados por a lo sumo un 30% de la población total del país. Si ya era absolutamente cuestionable el dominio de la mayoría sobre la minoría, mucho más lo es cuando percibimos que ni siquiera representan a la mayoría.

La ley del número favorece el dominio de una exigua minoría burocrática que se erige como dominadora de la sociedad, alegando que lo hace en nombre de la mayoría cuando en la práctica y en la teoría no hace más que actuar en beneficio de una minoría, con intereses particulares que se imponen a toda la ciudadanía. El mal más profundo que ocasiona es acostumbrar a las personas a delegar y retrasar lo que sería el comportamiento más natural y más eficaz para resolver los problemas de la convivencia: la libre asociación de las personas que establecen pactos libremente aceptados y libremente disueltos cuando las circunstancias han cambiado. Frente al crecimiento desmesurado del aparato estatal, secuestrado por pretendidas minorías cualificadas que dicen representar a la mayoría de la población, lo nuestro es trabajar por el crecimiento de la sociedad civil basada en el apoyo mutuo y en la libertad individual de todos sus miembros.

Releer a Mella es sin duda enriquecedor. Y desde luego la lucha que reclama todas nuestras energías es la lucha cotidiana en favor de una sociedad civil basada en el constante ejercicio del apoyo mutuo y la libertad individual.

Félix García Moriyón

Portafolio

La ley del número