Sábado, 16 de diciembre de 2017|

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Frank Mintz: Holocaustos y manipuladores. Homenaje al historiador Howard Zinn

El diario argentino Clarín publicó el 01.02.10 un breve editorial “La memoria del Holocausto judío” cuyo titular desmiente el alcance supuestamente señalado. Escribe el o la editorialista: “En todo el mundo se recuerda a lo largo de esta semana un nuevo aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz, con el que se conmemora el fin del Holocausto. Las Naciones Unidas instituyeron hace cinco años aquella fecha de 1945 como Día mundial de la Memoria […]. Concierne, en tal sentido, a todo el pueblo judío, que fue víctima de una política de exterminio sistemático por parte del régimen nazi, con millones de muertos en los campos de concentración. Concierne, además, a los líderes de los países europeos, cuyas sociedades sufrieron dos guerras mundiales y decenas de millones de muertes. Concierne, también, a todas las sociedades y líderes del mundo […] La recordación y memoria de los crímenes de la Segunda Guerra sigue teniendo una necesaria actualidad frente a las prédicas que relativizan hechos históricos y justifican los exterminios.”

Enmarcar el holocausto en Europa y a los únicos judíos (con el olvido de los gitanos, negros, homosexuales, discapacitados) equivale a un sistemático olvido de la realidad latinoamericana. Es un agravio a la ética defendida en las líneas por el diario y pisoteada entre las líneas por lo que es el día a día argentino (ver el asesinato de un cacique diaguita en octubre de 2009 y la situación de los Kom de Formosa en enero de 2010) y de su historia de holocaustos (exterminio de los pueblos onas y tehuelche de Patagonia a fines del siglo XIX). Sin contar el genocidio de los pobres con las carencias sanitarias y escolares (noticias de hoy del vencimiento de miles de medicamentos en un galpón porteño).

Howard Zinn, fallecido el 28 de enero pasado, escribió “Un concientización más amplia” (A larger consciousness) el 10 de octubre de 1999 que es un resumen de una charla que dio el historiador a petición de un grupo de judíos de Boston. Elegí los párrafos más interesantes para mí.

[…] aquella noche hablé del holocausto, pero no el de la segunda guerra mundial, de los seis millones de judíos. Estábamos a mediados de los 1980 y el gobierno de Estados Unidos estaba apoyando a los gobiernos de los escuadrones de la muerte en América Central, así que hablé de la muerte de cientos de miles de campesinos en Guatemala y El Salvador, víctimas de la política estadounidense. Mi idea era que no se debía encerrar con alambre de espino el recuerdo del Holocausto judío, reducirlo moralmente a un ghetto, mantenerlo aislado de otros genocidios de la historia. Me parecía que recordar lo que les había ocurrido a los judíos no servía para mucho a menos que suscitara indignación, ira, acción contra todas las atrocidades, en cualquier parte del mundo.

Unos días después en el periódico del campus había una carta de un miembro de la facultad que me había oído la charla, un refugiado judío que había huido a Argentina [Jack Fuchs, ver su enfoque mezquino y además con pocos recuerdos de sus vivencias, en Dilemas de la memoria (la vida después de Auschwitz), Buenos Aires, 2006] desde Europa y después a Estados Unidos. Se oponía enérgicamente a que yo hubiera ampliado la cuestión moral de los judíos de Europa en la década de 1940 a pueblos de otras partes del mundo en nuestra época. […]

Algunos judíos han utilizado el Holocausto como un medio de preservar una identidad única que ellos ven amenazada por los matrimonios mixtos y la asimilación. Desde la guerra de 1967 los sionistas han utilizado el Holocausto para justificar una mayor expansión israelí por tierra palestina y para construir apoyo para un atribulado Israel (más atribulado, como había predicho David Ben-Gurrión, desde que ocupó Cisjordania y Gaza). Y los políticos no judíos han utilizado el Holocausto para construir apoyo político entre un grupo numéricamente pequeño pero influyente de votantes judíos […]

Cuando los judíos se vuelven hacia su interior para concentrarse en su propia historia y apartan la vista de las terribles experiencias de los demás, de manera terriblemente irónica están haciendo exactamente lo mismo que hizo el resto de mundo, con lo que permitió que se produjera el genocidio. […] Elie Wiesel, presidente de la Comisión del presidente Carter sobre el Holocausto, se negó a incluir en la descripción del Holocausto el asesinato por parte de Hitler de millones de personas no judías. Según él, eso hubiera sido falsificar la realidad en nombre de un universalismo equivocado. […]

Construir un muro en torno a la excepcionalidad del Holocausto judío es abandonar la idea de que la humanidad es toda una, de que todos, sea cual sea nuestro color, nacionalidad o religión, merecemos los derechos iguales a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Lo que les ocurrió a los judíos bajo Hitler es único en los detalles pero comparte características universales con muchos otros acontecimientos en la historia de la humanidad: el tráfico de esclavos atlántico, el genocidio de los americanos originarios, la injurias y muertes de millones de trabajadores, víctimas del espíritu del capitalismo que sitúa el beneficio por encima de la vida humana. […lo importante es] crear una solidaridad más amplia contra quienes tienen la riqueza y el poder, contra los perpetradores y contra los horrores que están teniendo lugar de nuestro tiempo.

(Traducción con pocos retoques de Beatriz Morales Bastos)