Sábado, 29 de abril de 2017|

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Frank Mintz. Orlando Zapata Tamayo (1967-2010) la creación del hombre nuevo y la lógica del supuesto poder popular

Cuando los amanuenses profesionales vierten sus escritos de veneno y basura sobre la muerte de Orlando Zapata Tamayo (Enrique Ubieta Gómez “Cuba: ¿Para quién la muerte es útil? ” en rebelión y kaosenlared, Ángeles Diez “El caso Zapata, nueva agresión mediática contra Cuba” en rebelion) con el mejor estilo calumniador del socialismo real, es útil recordar cositas.

Orlando nació el mismo año en que murió el Che (el régimen ya tenía seis años de marxismo leninismo) y, por lo tanto, su juventud fue bombardeada por la vida del Che, amén de las de Lenin, Fidel, Camilo y Carlos (Marx), y no le faltaron los ejemplos de solidaridad socialista de camaradas de los países hermanos (Alemania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Unión Soviética).

Si Orlando, treinta años después, no se convirtió en buen defensor de la sociedad cubana, la causa está seguramente tanto en esa misma sociedad como en Orlando.

Otro detalle, Orlando era albañil, profesión que hasta la fecha no orienta a las disquisiciones y a los sofismas de no pocos intelectuales de izquierda. Antes, debía de interesarle edificar una sociedad sana, otro indicio que algo podrido está en el reino de los Castro.

En efecto, cuando un régimen agarra el poder, a través de un Comité Central y de una policía “popular” sobre el modelo de la Cheka de Lenin, no lo suelta nunca, por muchas huelgas y manifestaciones de oposición que hubiere y que hubo.

En los campos de concentración soviéticos ya en 1923 (en vida de Lenin) las huelgas del hambre de los tolstoyanos eran un motivo de carcajada para los guardias “rojos” que los dejaban morirse sin atenderles (ver el primer tomo de El archipiélago Gulag a base de testimonios de presos).

En la práctica, en el fondo, y no de acuerdo a la prensa oficial, las utopías, o los conocimientos metodológicos, el régimen de la dictadura soviética es el capitalismo. [...]La esclavitud en el trabajo, [...] la imposibilidad caracterizada para las masas trabajadora de defender sus intereses cuando están amenazados por las directivas del Poder, la transformación de los sindicatos en papagayos impotentes del Partido, las sanciones despiadadas contra los individuos que protesten, el crecimiento monstruoso de las fuerzas de represión, la educación brindada a los grupos de parásitos y privilegiados, que tienen únicamente una función de vigilancia y control, tales son las características principales del sistema estatal y capitalista soviético. Sólo los chabacanos y los fanáticos pueden ver en la forma soviética del asalariado la emancipación de los trabajadores. Y lo que acabamos de decir de los obreros se aplica asimismo a los campesinos. [...] (Bolshviskaya diktatura v svete anarjizma: desiat let bolshviskoy vlasti [La dictadura bolchevique vista por los anarquistas: diez años de poder bolchevique], París 1928).

En pleno socialismo real y formación del “nuevo hombre”, en la URSS existía el delito “de agitación o de propaganda llevada con la finalidad de socavar o debilitar el poder soviético [...] a través de asertos calumniosos que denigren el Estado y la sociedad” (artículo 70 del Código penal adoptado bajo Kruchev). La consecuencia cubana (en contradicción con el artículo 530 y 540 de la Constitución sobre “libertad de palabra y prensa [...] la más amplia libertad de palabra y opinión, basadas en el derecho irrestricto a la iniciativa y a la crítica” es el artículo 144 del Código penal (diciembre de 1987) sobre el Desacato

1) El que amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas.

2) Si el hecho previsto en el apartado anterior se realiza respecto al Presidente del Consejo de Estado, al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a los miembros del Consejo de Estado o del Consejo de Ministros o a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la sanción es de privación de libertad de uno a tres años. Una sanción más severa (para un delito similar) que para un presidente de Europa occidental o el rey de España

El artículo 145 sobre “Denegación de Auxilio y Desobediencia” contempla en el artículo 147: “El particular que desobedezca la decisiones de las autoridades o los funcionarios públicos, o las órdenes de los agentes o auxiliares de aquéllos dictadas en el ejercicio de sus funciones, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas.” Eso significa que cualquier autoridad en el ámbito laboral y no laboral tiene que ser acatada.

La persona como yo que no comprende la contradicción entre la libertad otorgada por la Constitución y las sanciones del Código penal o no sabe nada de materialismo dialéctico o deduce que se trata de una legislación dictatorial.

En efecto, el “Poder Popular”, o sea una pandilla de políticos autoproclamados, sin designación por elecciones con sufragio secreto, sin control ni revocación desde la base (algo previsto por un tal Engels en la introducción a La guerra civil en Francia de Carlos Marx), no sólo domina descaradamente al pueblo sino que impone que se respete esa impostura.

Con la suma de varios delitos imaginados por dementes o estafadores, “a la condena inicial a tres años por "desacato a la figura del Comandante [Fidel Castro]" se fueron agregando otras sentencias en cinco procesos judiciales sin garantías, que elevaron la condena a un total de 36 años” (Clarín, 24.02.10).

Orlando, el tan vil delincuente evocado por los amanuenses ya citados, era reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia. A los estúpidos críticos de Orlando les aconsejo descartar desde ya a los albañiles. Cipriano Mera no soportaba a Franco ni a los sectarios de su propia organización anarcosindicalista y su mayor victoria (decía él mismo) era la paleta de albañil, antes y después de la revolución española. Sam Dolgoff compuso una antología de textos de Bakunin y escribió The Cuban revolution, a critical perspective en 1976. Y por fin Julio Jorge López fue desaparecido durante la última dictadura militar argentina y una segunda vez después de su testimonio contra el genocida Etchecolatz el 18 de septiembre de 2006, con la complicidad directa de la policía de la provincia de Buenos Aires e indirecta de los presidentes Kirchner, supuestos defensores de los DD HH y mas aún de sus negocios personales a expensas de los más pobres.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, grandes beneficiarios del neo liberalismo gracias a sus presidencias, se pueden comparar con los hermanos Castro, otros grandes beneficiarios del poder gracias a su liderazgo.

Debajo de ellos están millones de Orlando pisoteados, mofados, olvidados, pero que no dejan de pensar en su miseria y en preparar sus venganzas.

Frank Mintz, 27 de febrero de 2010