Sábado, 22 de julio de 2017|

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GRECIA: Brutal represión contra miles de manifestantes en el segundo aniversario del asesinato de Alexis

Si preguntaras hoy a los miles que estuvieron en las calles de las ciudades griegas y a los miles que no estuvieron, cuál era su deseo, su expectativa al día de hoy, 6 de diciembre de 2010, nadie –yo al menos no- podría contestar con claridad: ¿Quemarse Atenas y los centros de todas las ciudades? “Sí” –respondería la mayoría-, “pero no somos nosotros que íbamos a hacerlo”. ¿Repetirse el diciembre de 2008? “Sí, pero la historia no se repite y no conocemos como repetirla”. ¿Levantarse y salir a las calles la sociedad entera ante tanta injusticia y ataque que sufre? “Sí, pero...”.

Un “sí” seguido de un “pero...”. Una contradicción. La mayoría siente rabia pero no sabe cómo expresarla. Aunque la rabia es por sí misma una realidad generalizada en Grecia. Una realidad que puede generar otras realidades.............

Atenas. Escrito a las 3 de la madrugada del 6 de diciembre, madrugando el día 7.

¿25 mil personas en Atenas y miles en 51 ciudades de Grecia, son pocas o muchas para manifestar este 6 de diciembre, en el segundo aniversario del asesinato de Alexis Grigoropulos que fue el catalizador para una revuelta que sacudió a Grecia y al mundo entero hace dos años? ¿Son pocas o muchas en una Grecia que desde ya hace un año vive un ataque neoliberal total que arrastra vidas y dignidad de un pueblo entero?

La respuesta no es fácil. Sin embargo, pocas o muchas, aquí, ahí, en las calles de Grecia estaban hoy esas miles de personas caminando con la rabia como compañera fiel. En una, en muchas manifestaciones muy dinámicas, que debían enfrentarse con plan de represión bien organizado, un plan de estado de excepción en la ciudad, que te hacía sentir un “estamos en guerra”, en guerra con un enemigo bien armado contra la sociedad.

No era el ejército de policías lo que daba esta impresión. Era el plan de excepción que se había impuesto –y sigue impuesto hasta mañana- en toda la ciudad de Atenas:

La prohibición del tráfico, desde las 10 de la mañana del día 6 hasta las 7 de la mañana del día 7, en un perímetro que incluye decenas de manzanas del centro de Atenas. La ubicación de cuerpos antimotines en puntos neurálgicos (universidades, calles con bancos, edificios públicos) del centro que prohibían el paso a los ciudadanos. El cordón interminable de policías que tenía cercada, por los dos lados, la manifestación, literalmente desde el primer hasta el último manifestante. La cantidad impresionante -IMPRESIONANTE- de policías “secretas”, dispersos por todos los rincones del centro, como si estuviéramos –y más- en la dictatura. El helicóptero que empezó su vuelo a las seis de la madrugada y sigue volando hasta estas horas de la noche encima de la ciudad. La formación de batalla de las tropas policiacas. La detenciones preventinas que ya empezaron hace dos días. Y, en fin y sobre todo, el pánico, bien orquestado, que alimentaban y difundían los medios oficiales de comunicación desde hace días: el 6 de diciembre, un día peligroso para estar en las calles. Quisieron crear un espacio y un tiempo vacío, vacío de vida, vacío de memoria, controlado por el miedo.

A pesar de todo esto y contra todo esto, miles de personas llenaron hoy las calles de Atenas y dieron vida a la memoria y a la rabia.

El día empezó con una impresionante –no por su número sino por su dinámica- marcha de los alumnos de la secundaria. Cinco mil alumn@s, sin banderas de partidos y de organizaciones políticas, cerrando sus escuelas bajaron de los barrios de Atenas al centro para gritar que “nuestros sueños son antibalas, ninguna bala puede asesinarlos”. Se encontraron frente a la represión brutal y a los lacrimógenos. No se dispersaron, esperando la manifestación de los estudiantes que empezó, bajo lacrimógenos y detenciones, a las 4 de la tarde.

La marcha de la tarde (convocada por anarquistas, organizaciones de la izquierda y estudiantes universitarios que estan en huelga hace días) -a pesar del ataque preventino de la policia a las tres y media- recorrió todo el centro enfrentáandose con la policía ante el Parlamento y ante la Universidad de Atenas.

No era fácil quedarse alguien en el centro, los lacrimógenos habían transformado en un infierno todo el centro. Sin embargo la gente se dirigió al lugar donde asesinaron a Alexis. Lo que siguió y sigue hasta tales horas era –es- una guerra en las calles de Exarjia, por una parte la rabia improvisando sus maneras, por la otra un ejército bien capacitado y con armas químicas en abudancia.

El 6 de diciembre era y es un día largo y difícil. Sin embargo es una señal más en el largo camino de la resistencia que se intenta tejer en Grecia.

Ellos, los de arriba, huelen la rabia. Y les da miedo. Por eso intentan imponer el terror. Nosotr@s, l@s que queremos ser -y somos- de abajo, no tenemos otra herramienta que nuestra rabia. La rabia no siempre encuentra caminos fáciles para expresarse masivamente y organizada. Sin embargo existe y busca de inventar otras maneras, dejando atrás las maneras de siempre, ya probadas y ya falladas. Es difícil y largo el camino. Y el enemigo fuerte. Pero aquí estamos y aquí seguimos en Grecia.

Luchando. Soñando. Tejiendo sueños.

E.M. | europazapatista.org


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