Fundación Aurora Intermitente
Sábado, 18 de agosto de 2018|

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Grecia somos to@s

Súbitamente, nadie quiere reconocerse en Grecia. El pueblo heredero que lo que la historia oficial presenta como fundadores de eso que presumen como civilización occidental, es ahora enjuiciado, repudiado y sometido al control de los sabios de la hacienda de la Unión y del Fondo Monetario Internacional. Su pecado: “endeudarse”. Pecado sin embargo cometido al ser fieles discípulos de las recomendaciones de quienes ahora les juzgan y de quienes antes les prestaban. Sometidos, como todos lo estamos, al duro envite de un mercado que sólo localiza la felicidad y el bienestar en el consumo y la propiedad; al banquero que tacha de estúpido a quien no “posee”, pues él siempre está dispuesto a prestarle. Ilusos hubo, como ilusos pululan por nuestras calles, que creyeron que el crédito, y no el esfuerzo, era el camino que satisfacía la necesidad. Los escaparates de los bancos rebosaron y rebosan de anuncios que ofrecen riquezas sin trabajo, viviendas con las que incluso aumentar en el futuro su riqueza trasladándosela a otro ingenuo ciudadano. Tan solo a cambio de un pequeño sacrificio: firmar con la propia sangre un compromiso de por vida con el banquero, erigido en nuevo Sumo Pontífice de la nueva Iglesia que es el “Mercado”. Mientras tanto, los gobernantes, sometidos como el que más a ese mismo dominio, cuando no se superponen estas figuras en las mismas personas, insisten en nuestra docilidad y obediencia a sus principios, haciéndonos ver que a más consumo, a más viajes, coches, televisores e incluso bicicletas, más felices seremos y mejor funcionará nuestra economía.

Pero ahora que cada griego y cada griega, independientemente de su edad, debe en torno a 30.000 euros, lo mismo que debe cada islandés y cada uno de los residentes en eso en lo que los que no residen el ello llaman España. No le anda a la zaga la deuda de los británicos, alemanes o norteamericanos. Deuda odiosa que, para colmo, la mayoría de quienes esto escribimos o leemos no tenemos. ¿Quién debe entonces? Deben en España los bancos, deben en España las grandes constructoras, las Comunidades empeñadas en grandes fastos, los Ayuntamientos de mayor tamaño en su pugna por construir el edificio más emblemático, los empresarios y políticos corruptos que desvían hacia el sastre nuestros beneficios. Al igual que en Grecia, Islandia, Irlanda, deben quienes quieren hacernos creer que debemos y que somos culpables de su despilfarro, de su modo de vida basado en la depredación de la naturaleza, del tiempo y de la sociedad. Abandonándonos al consumo de todo aquello que tiene un precio, nos obligamos a un trabajo que ocupa toda nuestra vida, privándonos del tiempo para disfrutar de lo que no cuesta: el compañerismo, la conversación, la inteligencia. Cualquier rebelión ante esta forma de pensar ha de enfrentarse a la amenaza del desempleo, de la expulsión sin contemplaciones del mercado de trabajo, pues en tal, mero mercadeo, ha terminado convirtiéndose nuestra existencia. Y aun así, yo no debo nada, como nada deben las personas que toman la calle en Grecia.

La crisis, al igual que la deuda, no es de un país u otro. La crisis es de una Banca basada en la usura, de unas empresas orientadas hacia la concentración y el monopolio, de los Consejeros y Directivos que pugnan por incorporarse al hit parade de los más ricos del mundo. La crisis es de un modelo de vida basado en la depredación y el consumo. No son nuestros cinturones los que hemos de apretar: son sus cinturones, denunciando su charlatanería, su hipocresía y su interés. Pero tenemos ladrones para Rato, que, haciendo una la política y el negocio, hacen el suyo propio a costa de nuestra ingenuidad. No hay un gobierno culpable, como grita la oposición; es el sistema el culpable, pues son sus pilares la rapiña y la especulación. La riqueza o es colectiva o no es. Y ésta no se basa en la apropiación de lo ajeno, sea en forma de intereses o de trabajo. La riqueza se basa en la solidaridad, como lo demuestra el sistema de pensiones del que disponemos, donde el trabajador se responsabiliza del pensionista. Sistema que ahora también quieren mercantilizar, fomentando el egoísmo bajo la falacia de nuestro envejecimiento.

Por eso todos somos Grecia, y con Grecia manifestamos nuestra repulsa a quienes sólo responsabilizan a los pueblos mientras encubren a los corruptos y especuladores.