Fundación Aurora Intermitente
Sábado, 18 de agosto de 2018|

4 visitas ahora

 

“La Aurora” se presenta

Cuando, hace ya un siglo, las luchas sociales prendían entre las gentes de todo el planeta, las personas que apuntalaban su contienda en la idea anarquista eran frecuentemente acusados de espontaneistas, por carecer de una teoría desarrollada en la que poder asentar sus actuaciones.

A la luz de la historia, plagada de crímenes justificados estratégicamente en las llamadas teorías “revolucionarias” y de retornos a las injusticias que los originaron,  la espontaneidad, la improvisación, otorga un nuevo sentido al hacer de la familia libertaria. En ella se fragua la libertad individual como reflejo instintivo y directo ante un mundo en cambio constante. Las teorías políticas se han revelado en última instancia, como ya Rudolf Rocker denunciara, religiones que esclavizan a sus creadores, pretendiendo ser la única fuente de conocimiento.

La historia del Anarquismo es una historia de improvisación, de rechazo a sus propios dogmas, de acomodo a las circunstancias del momento, saboteando, enfrentándose o haciéndose cargo de ministerios o alcaldías, organizando huelgas, alfabetizando, legislando y denunciando leyes injustas, colectivizando, impulsando milicias, acogiendo a perseguidos, rebelándose contra todo tipo de opresión. Y esta independencia, sustento de la acción directa, que ha permitido a la Idea prevalecer incólume en su respeto a las personas, en su práctica de la honradez, en su capacidad de movilización frente a la injusticia, en su solidaridad, debe ser el sostén de la actuación en el presente, evitando transformar su propia idea de libertad en un nuevo dogma.

Porque en los momentos que ahora vivimos, en el mundo del siglo XXI; sólo la conciencia de nuestra ignorancia es lo que en tanto personas y anarquistas puede guiarnos en nuestro afán de búsqueda de la libertad. Pues esa ignorancia es la única evidencia que puede esgrimirse frente a quienes, propagadores de máximas religiosas, económicas o políticas avaladas desde los nuevos centros de poder, se denotan en todo momento incapaces de explicarnos y explicarse un mundo atenazado por crisis económicas, catástrofes climáticas, epidemias, fanatismos religiosos, guerras y expolios de continentes enteros.

En un mundo que ha cuadruplicado su población desde que el anarquismo español se organizara como sindicato, Hércules cede ante Nemea, el león ceñido en el emblema de CNT, planteándole una nueva alianza entre la naturaleza y el individuo. Pues hoy emerge con importancia la necesidad de preservarla, de modificar los hábitos que hacen a cada persona responsable de su entorno. Como responsables somos del abandono de poblaciones y colectivos a la opresión de arcaicas y modernas religiones, de la miseria de comunidades masacradas para extraer de las tierras que poblaban los minerales que aseguran nuestro “bienestar”, de la expansión de nuevos imperios que compran países enteros usurpando a sus pobladores la tierra que trabajan y su libertad.

En el respeto a quienes nos precedieron, en la recuperación de la memoria de su conducta, en el orgullo que nos otorga el reconocimiento de su labor, quienes integramos la Aurora nos empeñamos de nuevo en abrir un espacio al reconocimiento, a la reflexión, al debate, al conocimiento de prácticas antiautoritarias y liberadoras, partiendo de la defensa del legado que otros tratan de ocultar a la población.

Reconocimiento del legado de lo que tan solo a aquellos luchadores debemos: la jornada de ocho horas, la seguridad social, la enseñanza y sanidad gratuita y universal, la igualdad de derechos. ¿Puede osar alguien tan solo a pensar que tales son gracias del capital? ¿Puede alguien tan solo suponer que existirían de no haber mediado su sacrificio y sufrimiento?.

Quienes hoy sufren mayor opresión están ausentes de nuestras organizaciones y movimientos, bien sean inmigrantes extraños en nuestros sindicatos, mujeres sometidas a autoridades religiosas o a dictámenes viriles o habitantes de otras tierras para los que nuestras basuras aliviarían su hambre. Arcaicas religiones y nuevos imperios emergen por doquier negando los derechos individuales reconocidos en nuestras sociedades como resultado de las conquistas obreras.

Y a ellos se aúnan los nuevos ciclopes sin cabeza, corporaciones anónimas que pueden en un momento desterrar al desempleo a quienes durante años han fraguado la riqueza de multitud de empresas en todas las partes del mundo, en aras de criterios de rentabilidad estratégica, a la par que los gestores del dinero ajeno se atribuyen remuneraciones que superan los presupuestos de multitud de países.

Desde Aurora queremos elevarnos desde la negación hacia la alternativa, desde la protesta hacia la Revolución. La revolución de las ideas, incluyendo nuestras propias ideas, sustentándola en la construcción de propuestas y en la identificación de experiencias que plasman una nueva realidad económica y social. Revolución en el espacio, que nos lleve a globalizarnos de verdad, recuperando el viejo sentido del internacionalismo sintiendo como propia la vida de las personas explotadas, se produzca esa explotación en el Congo, China, Rusia, Argentina o en Figueruelas. Revolución de las palabras, preservando como único sentido de la palabra libertad el referido al individuo, a la persona, no dando pábulo a señuelos que la sitúan en banderas, patrias o tradiciones. Revolución en las conductas, que revele la responsabilidad de cada uno en el estado de las cosas naturales o sociales y por ende la necesidad de implicarse en la construcción de nuevas realidades. Revolución en la ciencia, apoyando las inquietudes de quienes siguen embarcados en la búsqueda de nuevos modos para erradicar la enfermedad, la miseria, preservar el medio ambiente, aumentar los conocimientos, sin tener que contar para su labor con la autorización de los grandes emporios industriales o financieros. Revolución en la historia, denunciando manidas interpretaciones del pasado que ignoran la deuda que tenemos con los millones de militantes libertarios que con su sacrificio, fuerza, astucia y voluntad llevaron a que hoy sean reconocidos como derechos universales aspectos elementales de la vida, como son la educación, la salud o la cultura.

Las ideas de nuestros fundadores se encuentran por doquier, creciendo continuamente el número de personas que en todos los ámbitos reconocen la necesidad de la iniciativa individual para la atención de las necesidades de la comunidad y en el colectivismo como nueva alternativa a las economías privadas y del estado. Desde estas páginas invitamos a quienes tengan algo que contar de su hacer colectivo o individual para propiciar la difusión de una nueva-vieja forma de pensar en ese, citando de nuevo a Rudolf Rocker, proceso constante de perfeccionamiento, que no termina nunca y sólo puede prosperar de la mejor manera bajo las posibilidades de vida social más libres imaginables.

Portafolio

La Aurora de Papel nº 0, pg. 4