Jueves, 29 de junio de 2017|

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La autogestión viva, de José L. Carretero

LA AUTOGESTIÓN VIVA

"Proyectos y experiencias de la otra economía al calor de la crisis"

Comentario editorial

Una historia del pasado que sirve para el presente

A mediados de los setenta, un pequeño grupo de gente del ámbito del anarquismo procedente de diversos medios laborales, se había encontrado en el mundo efervescente de la época de la transición, trabajando para una empresa, en teoría montada con principios autogestionarios aunque su realidad verdadera no lo fuera tanto. El trabajo se desarrollaba en buen ambiente, en mayor parte gracias a la actitud personal de una mayoría concienciada que se sentía viviendo una experiencia interesante que estaba de acuerdo con sus ideas.

Pero no todo era fácil, el conflicto interno entre el modelo teórico y la realidad acaba estallando. Por una parte el trabajo en autogestión con sueldos de risa y sin seguridad social y por otra el capital y la toma de decisiones. Tras una más o menos digna liquidación del invento un grupo de cinco de entre aquellos decide embarcarse en un nuevo proyecto. El capital que se aporta es el procedente de las mensualidades del desempleo de los socios que lo tenían, que se pone en común y se reparte por igual entre todos, incluidos los nuevos. Entonces no se permitía capitalizar el desempleo y cobrarlo por adelantado y había que hacerlo mes a mes.

La anterior experiencia radicaliza al colectivo hacia la verdadera autogestión, que por muy concienciado ideológicamente que se esté, implica un gran trabajo el llevarlo a la práctica diaria. No todos resisten la prueba. Hay que comportarse de una manera muy diferente: debes saber que estás en un negocio, proyecto, o como se llame, que es tuyo. El dichoso problema de la propiedad, eterno enemigo de los anarquistas y que está en el fondo de todo, tiene que desaparecer. Pero no para ser sustituido por un cambio de dueño, sino desaparecer de verdad. Ahora la propiedad es de todos, que además tienen que tener la misma cantidad de acciones, porque si alguien tiene que tener más acciones que los demás podría intentar interponerse. En el caso de una cooperativa hay un determinado porcentaje de capital que no se puede sobrepasar y estamos hablando de la legislación española actual, una ley capitalista. La propiedad implica poder y si es desigual, el poder será desigual.

Sigue adelante el experimento y ante una verdadera propiedad colectiva, igualitaria, no cabe más ejercerla con todas sus consecuencias y esto significa que la toma de decisiones, o sea el poder, tiene que ser también igualitaria y colectiva. No es necesario parar la producción a cada momento para decidir entre todos los más mínimos detalles, pero sí hay que acordar en la asamblea del común las líneas generales que afectan de forma importante al proyecto y definir los distintos equipos de trabajo y sus objetivos y responsabilizarse ante todos de la parte de cumplimiento que toca a cada uno. No tomar las grandes decisiones buscando la mayoría de un hombre un voto, si no hacer un ejercicio importante de comprensión y tomarlas por consenso, Así serán de verdad de todos. Reparto de tareas sí, cada uno hace lo que sabe hacer o lo que le toca. Poder y mando no. Coordinación, solidaridad y responsabilidad.

Todo esto significa que además de sacar adelante el trabajo diario, se asumían por los mismos actores las competencias del trabajo directivo y del consejo de administración. Imaginemos el ahorro, no solo económico, de prescindir de los ejecutivos y capataces de hoy día más los accionistas.

Pero todo esto, aunque parezca mucho esfuerzo y realmente lo era, representaba nada más que una isla dentro del océano. El mundo alrededor seguía rigiéndose por las leyes de siempre y tocaba relacionarse con él para sobrevivir. La verdadera autogestión como alternativa global a la sociedad capitalista implica la desaparición de las jerarquías y el capital más allá del ámbito de la empresa, la destrucción de las relaciones económicas y de poder y su sustitución por la autoorganización de los ciudadanos en un mismo nivel. La utopía. Eso sí que es un esfuerzo. ¿Estamos preparados y dispuestos?

El ejemplo de la presente historia existió en la realidad y se llamo Queimada Sociedad Cooperativa, un taller de artes gráficas en Madrid de 1977, que abrió una editorial con el mismo nombre y estuvo funcionando un buen tiempo con los principios que defendía. Al cabo de bastantes años, alguno de los de entonces hemos resucitado el invento editorial y queremos seguir en la misma línea pero no solo con el pensamiento si no con la acción en la medida de nuestras fuerzas.

En estos nuestros foros hemos tenido la suerte de conocer y conectar con José Luis Carretero y de común acuerdo se decidió meterle mano al tema de la autogestión. Esta magnífica obra suya, anclada rigurosamente en la actualidad de este cabrón de mundo, pero sin renunciar a la historia ni a la teoría nos hará pensar en las cosas que podrían hacerse y a la vez nos explica cosas que ya se hacen. Enfoque científico y planteamientos y descripciones suficientemente claros para todo el que lo quiera entender. Dará que hablar. Dentro de no mucho será un clásico.

Queimada Ediciones.

Prólogo de Carlos Taibo

Aunque el término autogestión se ha extendido entre nosotros de forma relativamente reciente ?hay quien habla al respecto de un legado, principal, del mayo francés de 1968- lo cierto es que la presencia del concepto correspondiente es muy antigua. Basta con echar una ojeada, y es un ejemplo entre muchos, a las resoluciones de los sucesivos congresos celebrados por la CNT antes de la guerra civil para percatarse de que la idea en cuestión ya estaba presente, y claramente, allí. Y lo estaba de la mano de una apuesta en la que se daban cita la defensa de la democracia y la acción directas, la de la no delegación y la de la coordinación desde abajo, es un marco de reivindicación de la desmercantilización de la relaciones y contestación cabal del capitalismo, lejos del Estado y de sus tentáculos.

Así las cosas, no puede dejar de sorprender la dramática pérdida de eco de los proyectos autogestionarios que caracteriza la situación actual entre nosotros. Recuerdo que no hace mucho, en un acto público, un asistente me preguntó qué era eso de la autogestión, no sin agregar que intuía que se trataba de una forma más de dirección empresarial. Obligado estoy a subrayar, también, que la propuesta correspondiente falta llamativamente en los programas de los partidos, unas veces ?supongo- de resultas del acatamiento del sistema de representación-delegación, otras por entronización de la institución Estado, que debería ser copada a través de alguna suerte de golpe o revolución; en los hechos siempre parece sobreentenderse que los problemas los habrán de resolver otros, desde arriba, desde su presunta sabiduría. Para cerrar el círculo, nada más lamentable que la desaparición de cualquier huella auto-gestionaría en el mundo de nuestros sindicatos mayoritarios, que luego de disponer de centenares de miles de afiliados, y de recursos ingentes, no han sido capaces de perfilar otro proyecto de ese cariz que el que aporta una modesta agencia de viajes. Qué diferencia con respecto a lo que sucedía antes de la guerra civil, cuando de mil maneras diferentes la autogestión florecía, y lo hacía no sólo en el mundo libertario.

De todo esto, y de mucho más, nos habla el libro de José Luis Carretero que el lector tiene en sus manos. En sus páginas encontrara una consideración teórica de lo que es la autogestión, un amplio repertorio de experiencias prácticas desplegadas, en el medio urbano como en el rural, en los órdenes más dispares, una adecuada consideración de los antecedentes de los actuales espacios de autonomía o, para que nada falte, y también, un recordatorio del relieve alcanzado por las iniciativas autogestionarias en otros lugares del planeta. Me parece, por añadidura, que el libro de José Luis tiene una singular actualidad en un momento como éste en el que se antoja urgente buscar alternativas frete a la crisis. Al respecto el texto combina de manera inteligente el pasado y el presente, hace uso de una notable capacidad de pedagogía y de síntesis, proporciona una información práctica sobre cómo desplegar proyectos autogestionarios y en modo alguno elude, en fin, la consideración de los problemas ?la eventual gestación de pequeñas instancias aisladas, el riesgo de reproducción de la lógica del sistema o la necesidad acuciante de expandir las redes y de mantener una confrontación activa con el sistema- que aquéllos acarrean.

Debo subrayar, y acabo, que a mi entender la necesidad y la actualidad de la autogestión no se fundamentan tanto, que también, en los argumentos que el pasado puede proporcionarnos al respecto como en la conciencia de lo que se nos echa encima. Hablo de la corrosión terminal del capitalismo y de la perspectiva acuciante del colapso. Una y otra reclaman del concurso de la autogestión, en su doble condición de objetivo y de método, y en su calidad de proyecto que hace frente de manera cabal a las miserias que han arrastrado la socialdemocracia y el leninismo. A duras penas puede ser casualidad que, de manera en buena medida espontánea, un movimiento como el del 15 de mayo haya abrazado, en buena parte de sus asambleas populares, una apuesta consistente en provecho de la construcción de espacios autónomos como los que ejemplifican los grupos de consumo, las cooperativas integrales, las ecoaldeas, las formas de banca ética y social o, en fin, y por dejarlo ahí, el incipiente movimiento de trabajadores que, en régimen autogestionario-cooperativo, se hacen con la dirección de empresas que están al borde de la quiebra. Creo que esa defensa de espacios autogestionados y desmercantilizados es mucho más inteligente que la que aportan quienes, a estas alturas, siguen esperando de partidos, parlamentos e instituciones una respuesta creíble a nuestro problemas.

Carlos Taibo