Viernes, 28 de julio de 2017|

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Lavapiéslandia

Desde la librería Enclave (estarán en la caseta 72 de la próxima Feria del Libro de Marid) nos envían con la referencia de su último libro editado, unas opiniones sobre su barrio y algo más

Os invitamos a que leáis el artículo publicado en El país (Lavapiés, laboratorio vecinal. Puestos de mercado reconvertidos en librerías. Grandes teatros y museos que conviven con espacios escénicos y galerías alternativos. Terrazas y garitos. Un barrio donde la mezcla sorprende a cada paso. Sergio C. Fanjul -12 Mayo 2014-) y a sacar vuestras propias conclusiones.

Teníais Lavapiéslandia en el centro de Madrid y no os habíais dado cuenta. Podíais acceder a este acogedor «laboratorio multicultural» a las puertas de vuestra casa, pero no sabíais lo florecido, organizado por materias y preparado para satisfacer vuestros variadísimos gustos y bolsillos. Bien, el bienaventurado periodista mapeador del barrio nos lo ha puesto en bandeja, con tanto de «segmentación comercial», puntitos de referencia por calle y cruces para que no se nos escape ni una oportunidad: cañí, india, gay, librera, teatral o cervecera que sea. ¿Y todo esto es para nosotros, seres libres, paseantes inquietos, turistas de trolley de 3 días, afortunados beneficiarios de Erasmus e intercambios culturales, comitivas con megáfono esc uchando la «historia» de esta o aquella calle? ¿Qué hicimos para merecernos tanto? ¿Para ganarnos la exótica banalidad radical de esta metáfora falsa de la diversidad, del Otro, del Arte y de la artesanía y de la percepción del viaje para sentirnos en algún lugar? ¿Para sentir que existen lugares diferentes? ¿Y para codificar, allanándolos, nuestros pensamientos y percepciones en la estetización del mundo, en la mercantilización de la cultura en cuanto ocio, tiempo libre, superestructura precaria: como debe ser?

Sí señor. Esta es la estrategia fatal de la banalización del juego, la infantilización de una existencia (ya avasallada por miedo, precariedad y soledad, y rabia), el escaparatismo de los faltos de ideas y de fantasía, el ayuntamiento a la cabeza. Qué de cómodo aprovecharse de los parados que montan un barecito pijo y ponen cuatro libros de diseño, de los que meten poesía en los restaurantes, de aquellos que hacen talleres de yoga, meditación, infantiles, y teatro y magia y animales con globos. O aquellos que decoran las paredes de La Tabacalera con sendas representaciones, polémicas, dudosas, coloreadas, invocaciones, silencios, vacíos, llenos y todas las temáticas del mundo mundial para que el transeúnte las fotografíe y se las lleve en cartulina. O aquellos blanqueadores de dinero que montan cadenas de restaurantes y van plagando de terrazas las que antaño fueron plazas, o anónimos pasillos. Aquí tenéis, señores, el funeral del arte callejero y de la fantasía, el apoteosis del consumo cultural y gastronómico instantáneos.

No se trata de un fenómeno nuevo (se llama «gentrificación») y lo vemos en la mayoría de las metrópolis neoliberales, con más o menos alevosía. Sirve para subir los precios, contentar vecinos aburguesados y padres con niñera, dando trabajo a siervas y siervos cuidadores, paseadores de perros, saltimbanquis y payasos. Sirve para controlarlo todo, con cámaras, policías y helicópteros. Con esta afrmación no condenamos; no podemos condenar a los parados que se meten en un «negocio cultural», buscan sobrevivir, a costa de hacerles un gran favor a los políticos y a sus lacayos.

Encima, en el «Laboratorio» hay librerías políticas, entre ellas Enclave, y muy queridas, sigue citando el periodista. ¿Podéis imaginar un mundo más libre que aquel que deja coexistir tales y tantas formas «diferentes», tales y tantas subjetividades? ¿Aún os caben dudas de que vivís en el mejor de los mundos posibles?

Lo que hay que gritar es que sirve para LEVANTAR FRONTERAS; más de las que hay que ya son irrespirables. Sirve para aislar y controlar la diferencia. Una vez establecidos los límites de lo codificable, todo lo que se salga de ello es crimen, desviación, ilegalidad, y hay que barrerlo. Y así se hará. Es cuestión de tiempo...y de nosotros.

Podríamos contar lo que hay en el barrio y que no está en el mapa, desde la entrega de alimentos a los indigentes, y a las fiestas nigerianas, o al gangsta-rap y los perros feroces. Y las redadas policiales, el cacheo y la identificación continuada, el uso del territorio como si de un Scalextric se tratase. Los solares ocupados y desalojados por la policía, la lucha contra los desahucios, y el racismo, el machismo, las casas alquiladas a doce negritos del top-manta, por putos explotadores para sacar más de 1.500 euros al mes por cuarenta metros cuadrados. La prostitución y la mafia. Los gestos de apoyo mutuo, las miles de lenguas, la invención de lo cotidiano, los mini-festivales de cine y de libros.

Sobre todo una cohesión vecinal, una miríada de formas de autoorganización que puede resistir a la transformación en Lavapiéslandia y a la criminalización de los diversos.

Sin embargo, tenemos la idea de que la utopía universal de la comunicación y del intercambio fluido de las mercancías está en entredicho por doquier: más las cosas parecen orientarse hacia la comprensión y la homogeneización, más se impone su irreductibilidad, de la que se adivina, mucho más de lo que se pueda analizar, la inexpugnable presencia.

Se viene a Lavapiéslandia para comprobar la existencia de una alteridad radical, y nuestra imposibilidad de acceso a ella, eso es lo que nos seduce y nos confirma en nuestra miserable «libertad y autonomía».

La Red y sus grietas ya son la morada del capitalismo, éste pone en relación los nudos, los traduce, agiliza, sostiene y multiplica. Sin embargo, siempre esta praxis produce nuevas resistencias...


Beaubourg, una utopía subterránea. De Albert Meister.

Este libro nos ha hecho felices igual y más que el primero. ¿Por qué? Es nuestra primera novela: una detallada utopía, un mundo sub-Matrix enquistado debajo de la falsedad neoliberal del mundo «verdadero, libre y humano», un país de las maravillas (y de los problemas) infiltrado entre panópticos y ciudadanismos (llámense redes sociales o deuda infinita o guerra de clase del capital).

Así que hemos decidido celebrarlo PIDIENDO RESEÑAS A LAS LECTORAS Y LECTORES DEL LIBRO. INVITAMOS A LOS QUE LEÁIS EL LIBRO Y QUERÁIS, A DIRIGIRNOS UNA FRASE, UN PENSAMIENTO, UNA CRÍTICA, ALGO QUE OS SUGIERA LA LECTURA, UNA SINOPSIS REDACTADA A VUESTRO GUSTO.

Pasado un tiempo, las publicaremos todas en un boletín y os lo enviaremos. Es la única promoción que deseamos, la de nuestras lectoras y lectores. No se trata de hacer un blog vertical, ni de recolectar opiniones (ya bastante «participamos»), sino simplemente de romper el círculo de consenso/consumo/inercia y las jerarquías culturales establecidas que suelen dar «peso» tan solo a aquello que ya lo tiene.

Gracias por vuestra Amistad.