Viernes, 15 de diciembre de 2017|

7 visitas ahora

 

Morir por miedo a ser expulsado

La corta vida de Kadero en España comenzó en algún punto de la costa andaluza, donde arribó en octubre a bordo de una patera, según relató nada más llegar a unos amigos de su familia que residen en Bilbao. "Sus padres estaban muy enfadados con él porque se vino sin avisar y, realmente, no tenía tanta necesidad", explica Iris, la madre de la familia vasco-argelina que echó un cable a Kadero sus primeros días en la capital vizcaína.

Aunque no se hallaban en una situación "desesperada", eran varios hermanos y ni el padre, aquejado de una enfermedad cardiaca, ni la madre, al cargo de la casa, tenían un empleo. Ya en Bilbao, Kadero se encontró con que no podía acceder a un trabajo por su situación de irregularidad. Pasaba el día en un centro de inmigrantes donde estudiaba castellano. Por las noches, dormía en casas de amigos y, a veces, en la calle.

Actitud sospechosa

Todo se torció la madrugada del pasado día 6. La policía había sido alertada de un robo en la Gran Vía y se puso a la búsqueda de los autores del delito. Aunque en un principio la Ertzaintza aseguró que el joven era uno de los atracadores, fuentes policiales reconocieron más tarde que Kadero no era el ladrón que buscaban y que, sencillamente, su actitud les pareció sospechosa. Kadero huyó y, cuando se vio acorralado, se tiró a la ría, cerca del Palacio Euskalduna.

Los agentes le vieron nadar unos cinco metros y luego se hundió, quizá por el peso de la ropa, ya que iba muy abrigado. La actitud de Kadero, sospechosa para la policía, se explica por el pánico a una orden de expulsión. "Están aterrorizados por la idea de ser devueltos a sus países", señaló un miembro de una ONG que trabaja con inmigrantes.

Un particular localizó el cadáver a los diez días y a sólo 50 metros de donde desapareció. Fatiha, una tía de Kadero que es médico en París, se hizo cargo de la repatriación.

SERGIO LÓPEZ -  EL PAIS | Bilbao - 26/11/2009