Viernes, 28 de julio de 2017|

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...Que Cien Años no es Nada

La Ciencia y sus astrónomos nos dicen que esta pelota gorda y azul en la que vamos subidos da una vuelta completa sobre sí misma una vez al día. Más exactamente, le llamamos así al hecho de dar ese giro, como de peonza. La Ciencia también nos dice que esta bola, un poco achatada por los polos, no se contenta solo con esto, sino que se desplaza alrededor de una estrella a la que, en la lengua castellana, llamamos El Sol. Y que cada vez que ese viaje por el espacio da una vuelta completa lo llamamos un año, y así “per secula seculorum”. ¡Para que luego digan que no andamos revolucionados!

Tantas vueltas da el mundo que parece ser que a alguien se le ocurrió instituir estos mecanismos giratorios como base para crear y medir El Tiempo e inventar fechas y calendarios para organizarlo. Es tal el grado de convencimiento de que esto es así, tan natural nos parece, que cuando venimos al mundo nos ponen una fecha de nacimiento, y cada vez que pasa un año, dando una vuelta al sol en este enorme tiovivo, lo celebramos con un rito al que llamamos cumpleaños. No somos ni astrólogos ni tan pedantes como para recordar -alguno habrá- en qué momento y posición de la trayectoria elíptica de este baile de cuerpos celestes salimos a la luz por primera vez. Con nuestro cumpleaños sencillamente celebramos -¡no es moco de pavo!- que estamos vivos, que seguimos con vida.

Tampoco a nadie con un poco de sentido común se le ocurre decir en serio: “hoy es mi cumpleaños, tengo 37 (¡o 111, qué más da!) años de Historia”, y no se nos pasa por la cabeza porque de alguna manera intuimos, nos damos cuenta, que La Historia no es nuestra, que siempre es de los Otros, de los que mandan, de los que la ordenan y a los que ella sirve. Porque sabemos que cuando algo o alguien tiene o pasa a la Historia está muerto y queda embalsamado, como faraones egipcios, para comercio, uso y disfrute de los que detentan el poder, para los de Arriba. Es por esa negación de la muerte, por esa afirmación de la vida, que celebramos nuestros cumpleaños.

La CNT nació hace cien años como fruto de la unión de aquellos trabajadores y revolucionarios que se negaron a aceptar lo que los de Arriba mandan. Porque la CNT en estos cien años, más que unas siglas, ha sido y debe ser una confederación de hombres y mujeres libres. La unión sin mayúsculas, más allá de cualquier sigla, de los que venimos de la nada, de los muchos que no somos ni de la Historia ni del Poder, de los que no estamos muertos.

La CNT, la confederación, cumplen cien años, un centenar de vueltas alrededor del sol, para seguir diciendo que siendo revolucionarios estamos vivos.

Rafael Erskine Guerricabeitia.

La Aurora de papel nº 1 Febrero 2010

Ilustración: Efecto óptico.