Lunes, 11 de diciembre de 2017|

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Reseña del libro "Abriendo brecha" de Julián Vadillo

Libro: ABRIENDO BRECHA. Los inicios de la lucha de las mujeres por su emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo.
Autor: Julián Vadillo Muñoz
Prólogo de Laura Vicente
Editorial: Volapük Ediciones, 2013 Guadalajara.
296 páginas, 13x20 cm.
ISBN: 978 84 94085215

La próxima presentación del libro será el jueves 14 de noviembre, a las 20:30 horas en la Librería Diógenes, de ALCALÁ DE HENARES.
Con su autor, Julián Vadillo Muñoz y Mirta Núñez Díaz-Balart, historiadora y presidenta de la Cátedra de Memoria del siglo XX de la UCM.

Siguentes presentaciones
Martes 26 de noviembre, 19:00h. Biblioteca Provincial, Guadalajara
Martes 10 de diciembre, 19:00h. La Libre de Barrio, Leganés
Jueves 12 de diciembre, 19:00h. Local CNT, Albacete
Jueves 9 de enero, 19:30h. Traficantes de Sueños, Madrid

- A modo de reseña de este libro reproducimos el prólogo que figura en el mismo escrito por Laura Vicente.

A Julián Vadillo lo conocí hace siete años en la presentación de mi libro sobre Teresa Claramunt. Pese a su juventud, y que había acabado sus estudios hacía dos años, mostraba un interés y una dedicación a la historia que no es habitual encontrar entre los licenciados. Después lo he seguido desde la distancia a través de sus tempranas publicaciones y volvimos a coincidir en la presentación del libro, publicado en 2008, Aproximació a Mujeres Libres, en que ambos colaboramos.

El autor del presente libro se ha doctorado en 2013 con la Tesis titulada: “El movimiento obrero en Alcalá de Henares, 1868-1939”, confirmando su dedicación a la Historia Social, fundamentalmente al movimiento obrero y al anarquismo donde también se puede inscribir este libro.

El autor arranca el libro con una contextualización de la incorporación de las mujeres al espacio público (político y social) desde la concepción, confirmada por las leyes, de que las mujeres por su condición de inferiores, y de “eternas menores de edad”, debían mantenerse alejadas del espacio público, el espacio de la ciudadanía, y dedicadas en cuerpo y alma al espacio doméstico. Sin duda alguna la Revolución Francesa, con la declaración de derechos políticos, abrió una fisura por la que las mujeres intentaron introducirse para alcanzar esos mismos derechos a lo largo de todo el siglo XIX y gran parte del XX. Ese largo y difícil camino se vio compensado, desde el punto de vista jurídico, con la legislación igualitaria desarrollada por la IIª República una vez aprobada la Constitución de 1931. Lamentablemente ese modernizador avance jurídico duró muy poco puesto que la Dictadura franquista supuso un nuevo retroceso en la igualdad jurídica de la mujer durante cuarenta años.

En España, y países de su entorno, hasta la segunda década del siglo XX tuvo poca trascendencia el feminismo político basado en la lucha por el voto o sufragismo. Aquí se desarrolló un feminismo social, que durante mucho tiempo no fue considerado como feminismo, que proponía una visión de la organización social fundada en el género pero igualitaria. Como unidad básica de la sociedad defendían la primacía de una pareja hombre/mujer, no jerárquica y sustentada en el compañerismo. Ponían el énfasis en los derechos de las mujeres, “como mujeres”, definidas principalmente por sus capacidades para engendrar y/o criar, respecto a los hombres. Insistía en la distinta cualidad, en virtud de esas funciones, de la contribución de las “mujeres” al resto de la sociedad y reclamaba los derechos que le confería dicha contribución. Este feminismo relacional planteaba que existían distinciones entre los sexos, tanto biológicas como culturales, por lo que existía una naturaleza femenina diferente a la masculina. Estas distinciones entre los sexos justificaban una división sexual del trabajo o de las funciones, en la familia y en la sociedad.

El anarquismo, o como mínimo las corrientes ligadas al bakuninismo, por su cuestionamiento de la autoridad y la jerarquía enseguida denunciaron, aunque en muchos casos quedó en el ámbito de las declaraciones de principios, la discriminación de que era objeto la mujer, especialmente la mujer trabajadora, y centraron el debate en tres temas fundamentales: la educación, el trabajo y la relación de los sexos en el ámbito doméstico.

Teresa Mañé fue una ideóloga y defensora del ideal anarquista, pero también alimentó y mantuvo vivo el ideal de emancipación femenina que, después, desarrollaron las mujeres de la generación siguiente en el contexto de la IIª República y la Guerra Civil. La organización que mejor recogió y desarrolló los planteamientos feministas de la generación de Mañé, en la cual destacó otra “Teresa”, Teresa Claramunt, fue “Mujeres Libres”, que defendió el feminismo, su autonomía dentro del movimiento anarquista y no acató las directrices de supeditación de la causa de las mujeres al programa revolucionario de transformación anarquista. Autonomía que nunca defendió Mañé ni tampoco su hija Federica Montseny que eran partidarias de que la lucha feminista quedara incorporada a la lucha general por la emancipación. Estamos ante una breve, pero interesante, obra de recopilación y de divulgación a través de la cual Julián Vadillo rescata a una de las mujeres que más aportó al feminismo anarquista desde el punto de vista ideológico.

LAURA VICENTE