Miércoles, 28 de junio de 2017|

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Temma Kaplan: "El anarquismo andaluz es una forma racional de organización obrera"

Temma Kaplan, profesora en la Universidad de California, en Los Angeles, publicó, en 1977, una obra sobre Los orígenes sociales del anarquismo en Andalucía, 1868-1903 (Editorial Crítica), en la que, a partir de un estudio sobre el caso del campo jerezano, formulaba la tesis, sumamente heterodoxa, de que el anarquismo, lejos de ser un movimiento milenarista o protorreligioso, constituyó una forma racional de resistencia obrera. La historiadora y feminista norteamericana (que fue militante de la nueva izquierda norteamericana en los remotos tiempos en que había una izquierda nueva en Norteamérica) ha pasado ahora [agosto 1980] varias semanas investigando en España sobre el tema de su próximo libro, antes de regresar a Estados Unidos, donde permanecerá durante el curso 1980-1981 como profesora visitante en la Universidad de Princeton.

Pregunta. La conclusión de su estudio del anarquismo andaluz es que éste constituye una forma racional de organización obrera, y no un movimiento milenarista, como tantas veces se ha afirmado. ¿Cómo llegó usted a esta tesis?

Respuesta. El problema del que yo partí fue el saber cómo podía haber resistido tanto a la represión un movimiento con bases sociales supuestamen,te muy atrasadas, como sería el anarquismo andaluz. En primer lugar, busqué rastros de milenarismo, pero no los encontré. Estudiando los sindicatos y los movimientos de lucha llegué finalmente a la conclusión de que no existía ese supuesto atraso: el anarquismo era una forma de organización y de lucha racional frente a una situación determinada. En realidad, muchas veces se acusá de milenarismo a un movimiento social por la única razón de no haber triunfado.

P. ¿No se plantean las luchas anarquistas en torno a valores precapitalistas, reaccionarios?

R. Se plantean en torno a valores anticapitalistas, pero no socialistas. El capitalismo liquida, en el siglo XIX, las tierras abiertas y los campos comunales (en buena medida por necesidades de liquidez del Estado para financiar las guerras de América), y los pequeños campesinos encabezan la lucha contra esa desaparición de sus condiciones de subsistencia, al igual que los artesanos se enfrentan a la exproplación. No son los braceros el origen del movimiento anarquista, sino los pequeños propietarios.

P. Usted sostiene que el movimiento anarquista pasa de organizar la lucha colectiva de los trabajadores a formas de movilización de toda la comunidad, las huelgas generales. ¿Cómo se produce ese paso?

R. En la lucha contra el capital, que había quitado a los campesinos las tierras que años antes ellos consideraban como tierras de su propiedad. Creo que todas las tierras comunales son la clave no sólo en Andalucía, sino en toda Europa. Los campesinos pensaban que las tierras comunales les pertenecían, porque generaciones de campesinos las habían utilizado, allí alimentaban las mujeres los animales para sus familias.

P. ¿Cuál es el papel de las mujeres en el movimiento?

R. Las mujeres, generalmente, no se movilizan por razones ideológicas, ni por reivindicaciones económicas particulares en el campo o en la fábrica. Pero intervienen muy activamente cuando lo que está enjuego son las condiciones generales de subsistencia de sus familias: la posibilidad de alimentar a los animales en las tierras comunales, por ejemplo, o los precios del pan. Las mujeres siempre habían trabajado como criadas o en la recogida de la aceituna. Esto no cambió, pero desapareció cualquier oportunidad de ganarse la vida fuera del trabajo para otros. Y cuando los salarios bajan o no hay trabajo, y al mismo tiempo los precios del pan suben, las mujeres se movilizan.

P. ¿Se movilizan porque no pueden alimentar a sus familias o porque esa situación ofende sus valores tradicionales, su economía moral, como diría Edward Thompson?

R. Ante todo, porque piensan que la comida, la vida de una persona son más importantes que la propiedad privada. Yo no estaría de acuerdo con Thompson en llamar a esto economía moral: es un cálculo mucho más racional que el de la economía, no un puro problema de valores morales.

P. ¿Es muy alto el nivel de movilización de las mujeres en estas luchas?

R. En mi opinión, sí. Creo que la movilización de las mujeres siempre es mayor en los movimientos descentralizados, como el anarquismo andaluz; en los movimientos que adoptan formas de organización más flexibles, más localistas o regionalistas. Pero las mujeres siempre se plantean ante todo el problema de su familia, de la supervivencia, de la conservación de la vida, lo que lleva en muchos casos a que se las vea como simplemente conservadoras. Lo que eso supone, en realidad, es que en cierto sentido, son mucho más profundamente socialistas que los hombres, ya que lo que se proponen es cambiar la vida, cambiar el modo de vida. Eso, a veces, las hace luchar más duramente y forzar a sus maridos a sostener la lucha.

P. ¿Es generalizable la experiencia del campo de Jerez, que usted ha estudiado, a toda Andalucía?

R. Sí y no. En primer lugar, el movimiento en esta zona fue especialmente importante y radical, especialmente por el empeño que pone el Estado en acabar con él a causa de la importancia del comercio internacional del vino. Además, las relaciones sociales entre las personas que se ven en este caso probablemente se pueden generalizar: en algún sentido, son universales Pero hay grandes diferencias en la organización de la propiedad y de la producción que impiden generalizar el caso del campo jerezano a toda Andalucía.

P. ¿Es el anarquismo un anacronismo histórico, una supervivencia?

R. En parte sí, ya que no es posible pensar ahora en hacer frente al capital multinacional o a las organizaciones interestatales sin hacer política, sin partidos políticos. Pero conserva plena actualidad en su búsqueda de pequeñas comunidades dueñas de sus propios destinos, en su lucha por formas más humanas y racionales de vida. Eso es algo que debe conservar el nuevo movimiento socialista.

P. ¿En qué trabaja usted actualmente?

R. En un estudio que se titulará Ciudad roja, analizando la cultura de izquierda en Barcelona, desde 1890 hasta el fin de la dictadura de Primo de Rivera. Es parte de un interés más general sobre las razones que hacen que algunas ciudades desarrollen una cultura de izquierda antes que otras, la conserven o la pierdan. Porque ni la economía ni la represión lo explican todo.

(Entrevista publicada en el diario "El País", 27/08/1980)