Domingo, 22 de octubre de 2017|

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Una gran compañera se nos ha ido: Carmen Bueno.

Con las hojas del otoño se ha marchado la compañera Carmen Bueno Uribe. El sábado, día 13 de noviembre de 2010, era incinerada en Madrid la viuda del anarquista, periodista y escritor Eduardo de Guzmán.

No es ni placentero ni agradable escribir sobre estas noticias en la prensa libertaria. Ya se encarga de ello la prensa general, si es que en alguna ocasión se hace eco del anarquismo, para incluirlo en las secciones de «Sucesos» u «Obituarios». Además, la muerte siempre es triste. No obstante, no por ello vamos a dejar de hacer unos comentarios sobre la trayectoria vital de esta entrañable y querida compañera.

Nació en 1918 en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca en el seno de una familia numerosa. El padre murió joven y el hermano mayor, sindicalista de la CNT, se desplazó a Madrid, y después lo harían su madre y sus hermanos.

Carmen, la más pequeña de todos, estudia enfermería y se hace comadrona. Su primer contacto con los hospitales se inicia en el Hotel Ritz de Madrid durante la Guerra Civil atendiendo a los heridos que traían del frente. Se une, durante la Revolución española, al que sería su primer compañero, vegetariano y esperantista, con quien tiene una hija. La pareja no va bien y se separan. Será años después cuando conozca a Eduardo de Guzmán y se casen. La relación anterior no era reconocida por la legislación franquista, por lo que no surgió ningún impedimento por las autoridades de la dictadura para celebrar las nupcias.

Aunque adolescente, ya era consciente, por el ambiente familiar y social, de que la proclamación de la República era una esperanza para el pueblo, que unos años después se materializó en las más profunda revolución que ha existido, alcanzando el sueño de la libertad y la emancipación de la tiranía. Duró poco. Tamaña osadía contra el Poder lo pagaron con los bombardeos, la humillación del triunfo militar fascista, la represión, las detenciones, los fusilamientos… Solía contar las penalidades pasadas en las comisarías, las visitas a las cárceles para ver a los compañeros, o los gélidos y nevados días en los que iban a enterrar a los fusilados en las tapias del cementerio. Con circunstancias tan adversas, seguían activos. Su sobrino Francisco Bajo Bueno, médico, era el secretario de la FIJL y miembro del Comité Nacional de CNT clandestino en 1944. Y en 1945, siendo secretario del Comité Regional de Centro fue detenido y condenado a 20 años de prisión. Logró escaparse y marchar al exilio.

Durante muchos años recorrió Madrid de un extremo a otro en los horarios más intempestivos para atender a los partos que se presentaban. Se desplazaba con un Seat Seiscientos. Asistió a muchos nacimientos en Vallecas, en aquel entonces lleno de casitas humildes y de chabolas. Un laberinto en el que era fácil perderse. En ocasiones, cuando no localizaba un domicilio, avisaba al Padre Llanos, de quien era amiga, buen conocedor de la zona, para que le acompañara por aquellas calles anónimas a localizar un destino. En sus manos nació desde gente muy humilde hasta algunos que, con el tiempo, han llegado a ser escritores conocidos, como Almudena Grandes. Contaba con mucha agrado y gracia anécdotas de su trabajo.

Por su casa, la que heredó Eduardo de Guzmán de su madre en la calle Atocha, pasaron muchos amigos, compañeros e intelectuales de la época, entre ellos, Haro Tecglen, Ángel María de Lera, Fernando Fernán-Gómez y Antonio Buero Vallejo, por citar a algunos. La tertulia de los intelectuales se celebraba en el despacho, en la sala destinada a la biblioteca, donde Eduardo tenía enmarcado la notificación de la conmutación de la pena de muerte, a la que había sido sentenciado tras la Guerra Civil, por la de varios años de cárcel. Carmen, a veces, interrumpía en el discurso de los sabios que andaban arreglando el mundo para ofrecerles algún refresco y aperitivo, no sin antes decir: «Por favor, un momento, que ahora va a hablar el pueblo». Era simpática, campechana, directa, sencilla y no se callaba. Lo que tenía que decir lo soltaba.

Personalmente la conocimos en el año 2002. Dio la casualidad de que el mismo día que fue al local de la Fundación también lo hacía otra vieja compañera, esta del exilio, que acudía a consultar los archivos: Antonia Fontanillas. Las dos con ochenta y tantos años, lúcidas y con una gran vitalidad. A raíz de este encuentro se estableció una amistad que cultivábamos a veces en nuestra casa, a veces en la de ella, donde aprendíamos de su experiencia.

Un día nos contó cómo, accidentalmente, encontró unos sacos en el desván de la casa. Los abrió y descubrió, encuadernada, la colección completa de La tierra. Eduardo no pudo contener la emoción cuando se enteró. Era la única edición con todos los números que él había dirigido durante los años treinta, y que dio por perdida, pero que se salvó gracias a que su madre, católica, la ocultó tras la guerra. Carmen posibilitó que se pudiera microfilmar para que estuviera accesible y se consultara por quien lo deseara. Hay una copia en la Hemeroteca Municipal de Madrid y otra en la Fundación Anselmo Lorenzo.

Con algo más de 90 años tuvo un derrame cerebral que la dejó en una silla de ruedas, y se trasladó a una residencia. Fue otro de los tantos duros golpes que recibió. Ella, que vivía independiente, con su gato, y hacía la compra, la comida y visitaba a las amigas con ese espíritu juvenil que nunca perdió, pasó a tener que ser atendida.

Ir a visitarla a la residencia de ancianos era siempre signo de alegría y emoción. De nuevo las charlas que tanto nos gustaban. Así la recordaremos siempre.

Redactamos esta semblanza bajo la lámpara que durante tanto tiempo iluminó la biblioteca de su casa y que esperamos que nos ilumine durante muchos años a nosotros.

Manuel Amador

Obituario

Carmen Bueno de Guzmán, hasta el último aliento Rafael Cid

A los 92 años, en una residencia de la tercera edad, ha fallecido Carmen Bueno, compañera de toda la vida de Eduardo de Guzmán, el que fuera director de Castilla Libre durante la guerra civil y autor de una de las mejores trilogías que existen sobre la contienda contada desde el lado de los vencidos (El año de la victoria, La muerte de la esperanza y Nosotros los asesinos). Imposible comprender la trayectoria vital e intelectual de Eduardo de Guzmán, el único periodista español que ha obtenido el Premio Internacional de Prensa otorgado por las principales revistas del mundo, obviando junto a él la figura omnipresente, generosa y enérgica de Carmen, tutelando hasta en los momentos más difíciles la fidelidad a la memoria de su amado Eduardo, de cuya desaparición años atrás nunca se recuperó. Mujer de una pieza, pedernal e intransigente con los poderosos y humilde y entregada con los sencillos, Carmen supo granjearse el afecto de toda la familia libertaria y republicana, como quedó de manifiesto en el pequeño homenaje que por sorpresa le rindió un grupo de amigos con motivo de su noventa aniversario. Genio y figura, orgullosa feminista sin carné, en los últimos tiempos se había convertido en la espontánea albacea de los archivos de Eduardo de Guzmán, por cuya casa familiar de la calle Atocha de Madrid pasaron numerosos historiadores, periodistas e investigadores para consultarlos libremente bajo su protectora mirada. En permanente vigilia para que nada ni nadie manejara sus más íntimas convicciones (aún se la recuerda, entera y rotunda, en el entierro de Eduardo conminando al operario de la funeraria “y ya va quitando usted de ahí esos herrajes”, en referencia al crucifijo que presidía el ataúd). Una trayectoria insobornable en las ideas y la lucha por la vida que se afirmaba en los años de exilio interior que supuso para la pareja una durísima y represora posguerra prolongada inicuamente hasta comienzos de la transición. Con el sentido de la altiva dignidad que la caracterizaba, sus últimas palabras fueron de despedida para aquella tragedia humanitaria que marcó a toda una generación militante que como ella nunca se entregó. “Los han detenido, los han detenido”, musitaba en la agonía. Que la tierra te sea leve, Carmen Bueno de Guzmán.

Compañeros del Sindicato de Artes Gráficas de CNT asistieron, para darle la despedida a una gran compañera, que en los años turbios del franquismo lucho por los ideales libertarios y practico la solidaridad como matrona y enfermera cuando la sanidad era un lujo y donde nos quieren llevar otra vez el capitalismo salvaje que nos domina. Compañera de Eduardo de Guzman, que fue director del periodico Castilla Libre y miembro de nuestro sindicato nos han dejado recuerdos dificiles de olvidar. Los compañeros de CNT no te olvidamos