Miércoles, 12 de agosto de 2020|

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Contra el desastre del capital. Solidaridad Obrera

En los últimos dos meses, la clase trabajadora de nuestro país ha sufrido la mayor agresión contra sus condiciones de vida y sus libertades democráticas desde la caída de la dictadura franquista. El confinamiento decretado como respuesta a la expansión de la pandemia del coronavirus ha significado más de un millón de despidos, 500.000 ERTEs que han afectado a más de cuatro millones de trabajadores y trabajadoras, el sometimiento a una disciplina laboral ausente de las más mínimas condiciones de seguridad y salud para los trabajadores de las actividades esenciales, y el hambre y la más sórdida miseria para los millones de trabajadores informales y para los parados. Este brutal confinamiento, que ha significado desempleo de masas, miseria creciente, riesgos para la salud de los trabajadores y muerte y desolación para millones de familias obreras, no es el resultado de un inevitable fenómeno de la naturaleza. Este confinamiento está motivado por la degradación programada, en las últimas décadas, del sistema sanitario público de nuestro país. El proceso de privatizaciones implementado en la sanidad pública desde la aprobación de la ley 15/97 ha significado el despido de miles de profesionales sanitarios, el trabajo en condiciones de precariedad, subcontratación y temporalidad de gran parte de las plantillas de los servicios públicos, el cierre de camas hospitalarias y de unidades de cuidados intensivos, la falta de recursos básicos para la defensa de la vida en el sistema sanitario (respiradores, batas, mascarillas…). El confinamiento es el resultado décadas de saqueo de lo público. Con una sanidad más fuerte, otros países de Europa no han tenido que tomar medidas tan radicales contra la pandemia. Nuestro drama es el despliegue de un capitalismo depredador que destruye los equilibrios naturales, pero que también aniquila lo común y las resistencias de la clase obrera. En medio de la alerta sanitaria y del confinamiento, el capitalismo "legaliza" que migrantes y refugiados "sin papeles" puedan recoger las verduras y frutas que comeremos todxs, pero no regulariza su situación, continúan sin derecho a papeles, ni a trabajo y vivienda dignas. Muchxs migrantes subsaharianos o jornaleras marroquíes no tienen agua potable, ni electricidad en las chabolas de Huelva o Almería. El 80% de las cuidadoras de los mayores son migrantes, explotadas por dos duros, sin contrato. La gestión política del confinamiento se ha basado en ayudas mínimas (casi vergonzantes) a las clases populares, censura, y socialización de las pérdidas de las grandes empresas. Insolidaridad de las élites europeas y tentativas de construir un gran pacto que garantice que los obreros pagarán la crisis, por parte de los políticos patrios. Solo la solidaridad y el apoyo mutuo de la mayoría trabajadora, expresada en luchas y en organización autónoma, asamblearia e independiente, puede acabar con esta pesadilla. Nos toca, a los de abajo, organizar la justa indignación de nuestra clase. Nos toca defender los puestos de trabajo, el pan para los parados, el derecho a la vivienda, los cuidados para todos, la seguridad en el trabajo y la prevención de los riesgos laborales, la sanidad pública y los servicios del común (educación, seguridad social, dependencia, servicios sociales…). Y también nos toca empezar a construir otro mundo. Un mundo diferente. Sobre las ruinas que nos ha legado el capitalismo. Sobre el dolor y la mugre que nos han impuesto los grandes negocios y los explotadores. No basta con defender nuestros derechos más básicos, también hay que acabar con este mundo de sufrimiento y caos. Hay que acabar con el capitalismo para que el capitalismo no acabe con nosotros. Como decía Buenaventura Durruti, no nos tienen que dar miedo las ruinas. Son las ruinas de un mundo que construyó nuestro trabajo. Si nosotros mismo pudiéramos autogestionar la reconstrucción el mundo sería muy diferente: habría justicia, pan y libertad. Este 1° de Mayo lxs trabajadorxs luchamos también por derechos para migrantes y refugiadxs, el sector más explotado de la clase obrera. Esa es la verdadera herencia que retomamos en este 1 de mayo: la herencia de lucha de los que se levantaron en Chicago en 1886 por las ocho horas de trabajo, pero también por el fin definitivo de la explotación. El 1 de mayo somos clase. Trabajadores: solidaridad y apoyo mutuo. El capitalismo es muerte. Defendamos la sanidad pública, lo común y el trabajo. Defendamos el nuevo mundo que vive en nuestros corazones.

https://youtu.be/T3HxnwaBdXo

https://www.youtube.com/watch?v=FQa...