Lunes, 18 de junio de 2018|

3 visitas ahora

 

Nosotros, los detritívoros. Otro libro de Queimada Ediciones que creará controversia

Con esta obra de Manuel Casal Lodeiro Queimada Ediciones, dentro de su nueva etapa integrada en la asociación Colectivo Burbuja, inicia una nueva colección para abordar el ecologismo desde su perspectiva más actual, una colección que esperemos que sea de largo recorrido. En Nosotros, los Detritívoros nos encontramos un ensayo de lo que podríamos calificar como ecologismo profundo, en el sentido de que se trata de una obra representativa de la parte del ecologismo que menos dispuesta está a hacer concesiones a la dinámica en que el sistema económico capitalista ha colocado al ser humano en su relación con la biosfera. Se trata de un libro pesimista, oscuro, que denuncia sin ningún tipo de lenguaje edulcorado los grandes problemas a los que nos enfrentamos como civilización. A su vez realiza una apuesta clara por la inminencia, en términos históricos, de un colapso del mundo que hemos vivido desde los albores del industrialismo. Denuncia asimismo el tecno-optimismo como un espejismo que pasa por alto la realidad biofísica sobre la que nos asentamos, y termina con un pesimismo casi diríamos que radical respecto a la capacidad de reacción que los seres humanos tenemos como especie para modificar un rumbo de colisión que, a juicio del autor, se antoja ya prácticamente inevitable. Se trata de una obra imprescindible para despertar las conciencias adormecidas de una sociedad que, en opinión de Manuel Casal, se halla viviendo su epílogo.

Advertiré a los lectores de que el texto inicial se limitaba a exponer la gravedad de la situación que afronta nuestra especie y cómo se había concebido, sin pretender ofrecer algo parecido a una solución, en primer lugar porque pienso que no hay realmente tal solución en el sentido de algo que resuelva el problema y nos permita continuar más o menos como hasta ahora. Como bien dice Antonio Turiel en uno de los más famosos posts de su blog Oil Crash, “esta crisis no va a terminar nunca”. Es decir, no hay salida a la crisis, porque en realidad no es una crisis (financiera, económica, política, social, sistémica... como la queramos calificar). Lo que estamos viviendo es, ni más ni menos, el colapso de una civilización que no podía perdurar pues tenía los pies de barro, o —más bien— de petróleo, y ese petróleo lo hemos quemado de un modo suicida sin pensar en el mañana. Ahora comienza la Era de las Consecuencias. Y esas consecuencias implicarán, trágicamente y casi con total seguridad, la muerte de millones de seres humanos en las próximas décadas. La respuesta ética, política, cultural y social que cabe dar ante este conocimiento no entraba dentro de mis propósitos cuando me planteé escribir Nosotros, los detritívoros, pero ante la solicitud de Florent Marcellesi de apuntar alguna solución, alguna respuesta, para la publicación del texto en la revista digital EcoPolítica, me atreví a hacer un mínimo esbozo en la parte final del mismo. Es por eso que la lectora o el lector encontrará quizás insuficiente lo que acabo proponiendo tras presentar un panorama tan desolador. En mi defensa diré que no podía abordar —al menos aquí y ahora— un programa de revolución antropológica a la altura del reto que tiene nuestra especie por delante, una estrategia detallada para nuestra supervivencia y la del resto de especies con las que compartimos planeta. Pero tampoco quería prescindir de esa reflexión final que señala una tenue luz en un lateral del oscurísimo tunel en el que nos encontramos, mientras comienzan a fallar las lámparas dentro del abarrotado tren, se acumulan los tóxicos gases del motor y la máquina se dirige a toda velocidad hacia el fondo de un túnel... que no tiene salida.

www.queimadaediciones.es