jueves, octubre 15, 2026
Inicio Lucha social Manifiesto Antimilitarista

Manifiesto Antimilitarista

0
413

Desde hace meses distintos gobiernos vienen haciendo sonar de nuevo los clarines de la muerte. Con un descaro que resulta ya obsceno, y permitido por la falta de contestación social, nos dicen que es urgente para la Unión Europea rearmarse, trepar en los gastos militares hasta los 800.000 mil millones de euros en una primera fase. Sin embargo no hay justificación pública del por qué se ha dado esta cifra, y para poner un poco de contexto, Rusia prevé aumentar su presupuesto militar un 30% partiendo de los 72.000 millones de dólares actuales. Solamente la suma de Francia y Polonia está cerca de los 100.000 millones ahora mismo, sin contar que Francia aprobó en 2023 escalar hasta más de 70.000 millones anuales ella sola de aquí a 2030. Y la UE la conforman 27 países con 27 ejércitos.

Se habla por tanto de amenazas ficticias obviando cualquier lógica y vociferando en sintonía con la inefable Von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea, que dice que hay que aumentar el presupuesto militar a más del doble, algo que ya ordenaron los EE.UU. con Obama. El año pasado en España fue del 1,2% del PIB pero se gastó el 0,9%, según la vicepresidenta, y pretenden llegar al 2%. De momento. Y los gobiernos europeos aplauden y magnifican el mensaje, entre ellos el nuestro, “el más progresista de la historia”.

El caso es que ni siquiera esto es cierto. Según un informe de octubre de 2022 del Centre Delás de Estudis per la Pau, el gasto militar real español para 2023 se calculaba ya en 27.617 millones de euros, más del doble de lo asignado al Ministerio de Defensa y por encima del 2% que ya exigía la OTAN. Otras fuentes lo elevaban a casi 40.000 millones. El truco está en que hay partidas militares encubiertas en otros ministerios que no se contabilizan como “Defensa”. Aunque ahora se ha abierto cierto debate, el gasto no ha parado de crecer desde el año 2019 incluso en la legislatura PSOE-Podemos (2020-2023).

Altos funcionarios se están dedicando a señalar que el armamento que buscan aumentar y mejorar son las“armas para defender la democracia, la “seguridad” de nuestro modo de vida basado en “derechos”. Un sofisma ridículo hasta la burla si tenemos en cuenta la vulneración constante que de ellos se hace en multitud de países occidentales, entre ellos los europeos:

  • los asesinatos de migrantes en la frontera, sin responsables a pesar de las grabaciones,

  • los campos de concentración italianos en Albania,

  • las torturas en cárceles y comisarías incluso reconocidas por los tribunales europeos,

  • la venta de armas a Israel con un genocidio en marcha y con su presidente en busca y captura por un tribunal penal internacional por crímenes de guerra,

  • los apoyos entusiastas a golpes de Estado en medio mundo,

  • las detenciones y procesamientos de cantantes y humoristas críticos, de manifestantes antifascistas (6 de Zaragoza), de sindicalistas (6 de la Suiza), del movimiento antidesahucios y de los sindicatos de inquilinas,

  • la revocación de la maternidad de parejas lesbianas en Italia e ilegalidad del matrimonio homosexual contra el criterio mayoritario de la población,

  • la muerte de mujeres por negarse a practicarles abortos en embarazos problemáticos en Polonia, o la imposibilidad allí de adoptar una criatura si eres homosexual, etc.

Todo esto no se distingue significativamente de la realidad social rusa, ni siquiera de la caricatura que los medios de comunicación hacen diariamente de ese país. Pero no se trata de disculpar la falta de libertad en otras partes del mundo, que es evidente, sino de señalar que para nuestros dirigentes, españoles o europeos, los derechos humanos y la libertad en cualquier parte no son más que herramientas para sensibilizar a la población y que esta vea como propios los intereses del poder. Hoy no solo es Rusia, sino que utilizando la jerga militar se habla en los medios de “flanco sur” para referirse a Marruecos entre otros países, como si ya estuviésemos en guerra.

Es evidente el intento constante de construir con el lenguaje un enemigo ficticio que identifiquemos y que justifique sus acciones. Sólo así se comprende, por poner otro ejemplo, que los mismos que hablan del “régimen de Putin” denominen al descuartizador del periodista Khasshoggi y sucesor de la dictadura absolutista de Arabia Saudí como“príncipe heredero”.

El discurso es amplificado porque a los intereses geopolíticos desvergonzados de los Estados se une la avidez capitalista de quienes viven del negocio de la muerte. Los industriales del armamento se frotan la manos ahora que sus artilugios idóneos para matar gente y destruir ciudades de forma indiscriminada serán comprados masivamente y puestos a punto para sus mortíferos destinos. Ya nos han dejado claro más de una vez que las guerras y la utilización de las armas en ellas estimula la economía. Este año se ha llegado por primera vez a la cifra récord de 2,46 billones de dólares gastados en armamento en todo el mundo. Y mientras se dispara su economía los muertos los ponemos los de siempre. Son varios los países que están planteando volver a utilizar la leva forzosa como instrumento para ampliar sus ejércitos. Eso sí, a la propia Von der Leyen se le escapó una risotada como contestación cuando una periodista que la entrevistaba le planteó la posibilidad de que sus hijos fuesen a la guerra.

Pero además, aparte del riesgo por la participación directa en un conflicto armado está el que sobreviene de la sustracción de recursos de partidas vitales para dedicarlos a prepararnos para la guerra. Porque ya hemos oído a varios líderes de la OTAN de forma explícita que si hace falta habrá que extraerlos del insuficiente presupuesto dedicado a cuestiones sociales: sanidad, educación, jubilaciones, cultura, etc. Y ya sabemos qué parte de la población es masivamente afectada por estos recortes. Quienes hablan así, sin sonrojarse, a menudo tienen intereses invertidos en la industria de la muerte y por ello es nefasto dar credibilidad alguna a las palabras de estos infames supremacistas del privilegio.

Tanto parte de la izquierda, que mientras reniega del aumento reconoce su apuesta por una “independencia militar europea” para abandonar la OTAN, como la derecha que apuesta por mantener el statu quo, coinciden en la visión del ejército como un elemento de defensa de la ciudadanía. Pero sabemos por la historia que las libertades no son producto de la fortaleza del ejército ni van a ser defendidas por este (sobre todo en un país tradicionalmente colonial) sino que son conquistas del pueblo arrancadas al poder con su propia organización y movilización, en muchos casos y precisamente, contra fuerzas policiales y militares.

La consolidación o avance de los derechos solo va a depender de esa capacidad popular enfrentada a nuestros propios dirigentes, porque el ejército se volverá siempre contra aquél que ponga en peligro la propiedad capitalista y el poder político que la defiende. Es parte de su ADN, como lo es imponer por la fuerza el colonialismo allá donde la sed de riquezas y el ansia de rapiña lleve a sus amos.

POR TODAS ESTAS Y OTRAS IDEAS QUE SURGIRÁN EN LA CONCIENCIA DE CUALQUIER PERSONA, SENSIBLE CON LA VERDADERA IGUALDAD, JUSTICIA Y LIBERTAD, REPUDIAMOS EL PROPÓSITO DE LOS ESTADOS DE INCREMENTAR SU MONSTRUOSA FUERZA MILITAR POR MUCHO QUE LA DISFRACEN DE DISUASORIA O DEFENSIVA CON MENTIRAS, COMO LO HAN HECHO SIEMPRE Y EN TODO LUGAR.

NUESTRA PATRIA ES EL MUNDO

NUESTRA FAMILIA ES LA HUMANIDAD

NUESTRA VOCACIÓN ES LA VIDA

EN TODOS LADOS:

INSUMISIÓN, DESERCIÓN Y RESISTENCIA

CONTRA TODA AUTORIDAD