«El error político militar de la República» (Queimada, 2014), de Abraham Guillén. Ya el título da una idea de lo que dentro vamos a encontrar, que se puede encuadrar en la extensa biblioteca existente de publicaciones que desarrollan el interesante enfoque que podríamos denominar «lo que pudo haber sido y no fue». Es cierto que puede parecer un vano intento, pues siempre he pensado que los acontecimientos históricos vienen marcados por un cúmulo muy complejo de circunstancias y factores que escapan a nuestro control y que son las que al final resultan decisivas para que las cosas terminen ocurriendo como tenían que ocurrir. Llevado a este tema concreto, la Guerra Civil, la situación política nacional (un Gobierno de la República tibio e inoperante y con mucho más miedo a las izquierdas que a las derechas, una comunión de intereses entre los diferentes focos de la reacción…) e internacional (auge del fascismo, democracias occidentales acobardadas y dispuestas a ceder en todo, el ejemplo reciente de la revolución rusa como auténtico «coco» de la burguesía en todos los países…) propició que al final pasara lo que tenía que pasar. Se puede considerar vano, digo, imaginar qué podría haber acaecido si la actuación hubiera sido diferente, pero también resulta lógico que a los aficionados a la historia este tipo de libros nos resulten apasionantes y los devoremos con fruición, pues plantean interrogantes muy jugosos conociendo los distintos elementos de la situación dada, y además siempre es posible aprender de los errores «para la próxima vez», lo que entiendo que era la intención de Guillén al escribir este libro.
Hay que apuntar además que el autor no es un cualquiera. La contraportada le retrata a la perfección: «Abraham Guillén Sanz nace en Corduente (Guadalajara) en 1913, vive las tareas del campo hasta que puede trasladarse a Madrid para estudiar. La guerra le sorprende en plena militancia libertaria y llega a comisario del cuerpo de ejército de Cipriano Mera. Detenido al fin de la guerra, condenado a muerte, evadido y vuelto a detener, consigue pasar a Francia y después a América del Sur, donde vivió en varios países hasta que el golpe militar de Argentina en 1976 le hace regresar a España. Teórico y activista de la guerrilla urbana y analista militar, como economista desarrolló la teoría económica de la autogestión. Su vida fue pura lucha y compromiso. Muere en 1993 en Madrid, donde publicaba libros y artículos de prensa y colaboraba con su mundo libertario».
En este interesante trabajo, Guillén nos va narrando de forma clara y comprensible los hechos militares del conflicto, poniéndolos en contexto con los diferentes factores políticos, económicos y sociales implicados, y apuntando las para él abundantes «ventanas de oportunidad» que se fueron abriendo y cerrando sin aprovechar. Hay una idea que se repite especialmente a lo largo del libro, que apunta asimismo Julián Vadillo en su excelente prólogo: «Para Guillén la República podría haber ganado la guerra, pero partió del error de combatir a un Ejército profesional con otro, abandonando la táctica guerrillera como elemento fundamental para derrotar al Ejército regular enemigo. […] Guillén establece que para haber ganado la Guerra Civil no era suficiente solo un Ejército regular. Éste era necesario para combatir en campo abierto al enemigo. Pero a él se tenían que unir unidades de milicias populares regionales, para dar cobertura a ese Ejército profesional, y sobre todo unidades de guerrillas locales que actuasen en la retaguardia del enemigo para destruir sus infraestructuras». E insisto: en esto Guillén no era un cualquiera, sino que estaba considerado como uno de los mayores expertos a nivel mundial en guerrilla urbana.
Al libro solo le he encontrado pequeñas pegas: la existencia de varios errores e inexactitudes en determinados momentos a la hora de identificar a las unidades contrarias, fruto seguramente de la imposibilidad (dada su condición de exiliado) de consultar archivos militares españoles a la hora de elaborar las notas que darían lugar a este libro; algún pequeño error o lapsus geográfico debido seguramente al tiempo y distancia transcurridos desde la experiencia personal que relata; y la pobre calidad de los mapas reproducidos al final, pese a su importancia por la mención constante a los mismos a lo largo de las páginas. Si se plantea una reedición, ambos podrían solucionarse realizando una edición anotada y reproduciendo los mapas con mayor calidad. En cualquier caso, el libro tal como está merece mucho la pena, y solo apunto esto con la idea de que pudiera ser ofrecido al lector en las mejores condiciones posibles precisamente por el enorme interés que tiene.
Soy consciente de que esto ya va siendo muy largo, pero no me resisto a reproducir un par de párrafos, referidos al tan decisivo (al menos para mí) principio de la guerra, que me han parecido especialmente interesantes. Aquí van, para quien tenga ganas de seguir leyendo:
«Mientras el pueblo fue el sujeto de la historia, sin gobierno de la burguesía liberal republicana, ni burocracia comunista en el poder, acorraló a los generales sublevados en los cuarteles tomados a pecho descubierto gracias a la espontaneidad creativa de las masas revolucionarias. A la contrarrevolución de los militares, la burguesía reaccionaria, la aristocracia y el clero conservador, el pueblo respondió con la revolución. En vez de quedarse en las fábricas declarando la huelga general, como hicieron los obreros alemanes comunistas en protesta por el ascenso de Hitler al poder, los obreros españoles salieron de sus fábricas a la calle para armarse a expensas de los militares sublevados. Así surgió el pueblo en armas que, falto de conductores revolucionarios preparados, no se movilizó rápidamente hacia los cuatro puntos cardinales de España para terminar con el pronunciamiento militar en pocos días.
La Guerra Civil Española debió terminar en unos días, pero se prolongó durante 33 meses; el pueblo en armas fue sustituido por el Ejército regular, la Guardia Nacional (ex Guardia Civil), la Guardia de Asalto y los Carabineros, que reconstituyeron así el viejo Estado burgués […] Una revolución social en la cual el pueblo haya ganado la calle, derrocado el viejo régimen y deshecho el Estado, no debe dejar las armas para evitar que se reconstruya el viejo Estado burgués, que siempre está agazapado en la sombra y dispuesto a volver. Los organismos de autogobierno político, económico y social creados para dar el paso a la nueva sociedad, desde el nivel municipal hacia arriba, deben ser los únicos válidos para mantener el nivel de las conquistas conseguidas. El pueblo no gobierna porque elija cada cuatro años a un presidente, senadores, diputados, concejales y alcaldes, sino si gobierna todos los días y a todas las horas, sus empresas, municipios, comités, cooperativas y otros organismos autogestionarios.»
(«El error político militar de la República». Abraham Guillén; Queimada, 2012. Págs. 129-130)





