Cada vez que sale una estadística sobre bajas, la misma historia. Que si faltamos mucho, que si el estrés y la ansiedad se disparan, que la gente ya no aguanta nada. Y ni una vez se preguntan por qué. Pues lo decimos nosotras, que lo tenemos claro: es que nos han dejado a media plantilla y nos piden el trabajo de una y media. Es que te escriben a las diez de la noche y más te vale contestar. Es que los objetivos están puestos para que no los cumpla nadie. Es que con estos contratos no llegas a fin de mes, y encima vives con el miedo al despido pegado al cuerpo, todo el día, hasta cuando duermes. Así que no me digas que es sorpresa. Sorpresa sería que aguantáramos.
Y cuando por fin alguien se cae, la empresa se encoge de hombros y le cuelga el cartel de absentista, como si fuera un defecto de fábrica. Años culpando al que enferma para no tener que mirar lo que enferma. Ya está bien, ¿no?
Una baja por salud mental no es un capricho, por mucho que lo piense algún jefe. Y algún compañero, que también los hay, no nos vamos a engañar. Es parar antes de romperte del todo. Y tienes todo el derecho a hacerlo sin pedir perdón a nadie. No somos máquinas. Nuestra vida vale más que los beneficios de cuatro. La salud no se regatea ni se agradece como si fuera un favor personal del jefe de turno. Es un derecho que costó décadas de lucha, y no vamos a dejar que nos lo vayan recortando por la puerta de atrás. Si media plantilla acaba quemada, el problema no son las personas. Es una empresa que te gasta y te tira, como si fueras material fungible.
Así que sí, cuidarse también es político. El que se coge la baja no le falla a nadie. Y la culpa, esa que te meten, sirve para una cosa: para que te calles. Pues va a ser que no.
¿Y ahora qué? Pues lo de siempre, lo que ha funcionado toda la vida. Cubrirnos entre compañeras cuando una no puede más. No dejar sola a la que se cae. Cortar el cotilleo de quién está de baja y por qué, que bastante tiene ya. Y plantarnos juntas en el curro para exigir plantillas completas, ritmos que aguante un ser humano y desconexión de verdad, no la del convenio que nadie respeta. Derechos laborales no nos han regalado ninguno. Todos se han arrancado peleando. Este también.
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