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El anarquismo es no solo una teoría política. Es, sobre todo, un modelo de sociedad que, en el aspecto laboral, pretende la abolición del trabajo asalariado. El sindicalismo revolucionario, a su vez, aboga por la transformación radical del sistema productivo y por la erradicación del capitalismo cada vez más explotador, cada vez más brutal. La magnitud del objetivo requiere, en primer lugar, la articulación de iniciativas y la coordinación de estructuras que superen la crónica falta de organización de la clase obrera.
El avance de la ultraderecha, el nacionalcatolicismo, el franquismo sociológico, la militarización de Europa, las nuevas tecnologías alservicio del control, la hidra del capitalismo, el desarme ideológico, etc., auguran la progresiva asfixia de sectores fundamentales (sanidad, educación, servicios sociales) y de grupos sociales vulnerables (estudiantes, pensionistas, paradas, amas de casa, enfermas).
Los modelos de negocio cambian y, con ellos, las herramientas para la perpetuación de la explotación de las clases trabajadoras: deslocalización, empresas multiservicios, subcontratación, externalización, radicación en el extranjero de las matrices empresariales. Ante todas esas metamorfosis de la realidad laboral, el anarcosindicalismo responde con una implantación internacionalista, con la cooperación ente sindicatos de diversos sectores y ramos, con la aplicación del derecho a la desconexión frente a la conexión digital permanente, con la dedicación del tiempo libre que deja, por ejemplo el teletrabajo, para organizarnos.


El sindicalismo aprende de otros movimientos (inmigración, feminismo, diversidad cultural, disidencia sexual) y aporta, intenta abrir el debate y fomentar la participación para elaborar un discurso colectivo propio y para que se tomen decisiones siempre colectivas, de manera que las estructuras colectivas que resulten sirvan para construir un mundo sin explotación ni opresión en el que las personas tengan prioridad sobre las teorías.
Se impone la creación de redes que rebasen el ámbito de la reivindicación laboral, que, a través del sindicato, incidan en el contexto social por medio de cooperativas y que repercutan en que la vida del municipio sea más libre cada vez.
El sindicato tiene que convertirse en la columna vertebral de un contrapoder, con cooperativas en torno a él, con economatos, con escuelas, con una comisión de vivienda, con la creación de redes de contratación y de gestión de la Seguridad Social, con capacidad para intervenir en la mejora de las pensiones, en el transporte y en la gestión de la sanidad, para combatir la discriminación ciudadana, con servicios de información y de reorientación, como un factor más en la socialización del barrio. En cierto modo puede decirse que el nuevo sindicalismo recupera los valores de los primeros sindicatos. Por poner solamente dos ejemplos, lo que está haciendo la Federación Anarquista de Gran Canaria ocupando viviendas vacías y fomentando en ellas laautogestión del vecindario, o el sindicato del Espectáculo de Madrid con las bolsas de trabajo,
siendo la puerta de acceso de la militancia a ese sector laboral.

Miguel Ángel Pérez editó en 2021 con el apoyo de la Fundación Aurora.
Nuevo sindicalismo. Organización y estrategia sindical ante los nuevos escenarios laborales, en el que se analizan estos y otros problemas y se ofrecen alternativas. Con él se inaugura nueva sección: el libro del mes.

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AlTajo 72 Mayo

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