Nilo
La frase atribuida a Durruti “no nos importan las ruinas. Nosotros heredaremos la tierra.”, parecer ser que se ha convertido en la consigna de los promotores inmobiliarios que asolan nuestro país.
El último ejemplo de ello lo tenemos con la destrucción en una tarde, eso sí que es eficacia, de un torreón fortificado del siglo XVIII en el municipio de Teulada. El levante feliz.
Según los rumores, sobre sus ruinas construirán un centro comercial, lo que, a simple vista, parece una contradicción, pero en el fondo para el capitalismo, no lo es.
Porque ideológicamente es la demostración más palpable de la victoria de la burguesía comercial sobre la agraria (prácticamente desaparecida), porque, aunque en teoría el comercio digital está desplazando a las ventas en los locales, el negocio está en la construcción de locales que si después, no se venden, ya se traspasarán a los bancos, que harán que sea el pueblo quien pague las hipotecas vía Estado.
Y porque así, podremos continuar con el objetivo del turismo actual: tener la sensación de viajar para ver cosas distintas y encontrarnos siempre con lo mismo, lo que nos da tranquilidad, gracias a las franquicias. No nos queda más que un recuerdo entrañable del Colegio de Arquitectos y sus docenas de colegiados, que, en la comarca, están construyendo varias promociones, llevándose el 6%, eso sí, defendiendo la ecología y el crecimiento sostenible, y que no ha movido un dedo para proteger el patrimonio arquitectónico.
Aunque después de la actuación del Colegio de Arquitectos de Madrid frente al affaire de Monasterio, era lo esperable. Y hasta la siguiente.


