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En recuerdo del uruguayo Daniel Barret

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El lunes 24 de agosto, al agonizar la tarde, se fue el querido
compañero Rafael Spósito ─Daniel Barret, para los que le acompañamos en
la cotidianidad de la lucha contra el Estado-capital desde tiendas
libertarias─ víctima de un cáncer que a penas le otorgó el tiempo
necesario para despedirse de compañeros, amigos y familiares y de
concluir alguno de los múltiples textos que acostumbrada elaborar de
manera simultánea.

Hijo de El Cerro, tierra dispendiosa en ácratas y rebeldes, en Montevideo, Uruguay, desde su más tierna adolescencia, Rafa contribuyó con sus aportaciones y esfuerzos a la difusión de las ideas
anarquistas, defendiendo siempre los ideales de libertad por los que
luchó toda su vida y por los que sufrió persecución y exilio, mismos
que jamás significaron sacrificio alguno para su integridad libertaria.

Sistemático y reflexivo, con su prosa aguda e inteligente, nos heredó un invaluable legado de reelaboración teórico-ideológica que
sólo podremos concretar desde un ejercicio intransigente de
reafirmación libertaria:
“una reafirmación que sigue fundándose no menos sino más que nunca en una crítica radical del poder y en una inconmovible ética de la libertad; sin mediatizaciones seductoras, transiciones edulcoradas y negociaciones de ocasión que la desvíen o distraigan de sus horizontes y de sus prácticas inmediatas.” Visión que dejó plasmada en su libro Los sediciosos despertares de la Anarquía.

Hoy, sólo nos queda despedirle con el más grande y afectuoso abrazo libertario y agradecerle por todos estos años de vida consecuente, por su solidaridad inagotable, por su compañerismo a ultranza, por su dedicación a la Anarquía , por su humor inteligente, por su entrañable calidez y por su grandiosa calidad humana.

Sus cenizas se esparcieron en el Memorial de los Desaparecidos.

por Gustavo Rodríguez

Se fue Daniel Barret, un grande de la vieja camada, de padres anarquistas y perteneciente al cuño más clásico de los libertarios de los 70 y 80 en Uruguay.

Se formó al alero de Alfredo Errandonéa en la Universidad de Montevideo, compartió con Eduardo Colombo, Lucce Fabri y en algunos momentos con Rubén Prieto de la Comunidad del Sur.

Estuvo invitado como expositor en el Encuentro Libertario de Tolose, Francia, en 1999, donde también asistieron Christian Ferrer, Eduardo Colombo, René Lourau y Daniel Colson entre otros.

Fue a propósito de su visita a Chile en el año 2007 donde tuve la
oportunidad de compartir con él y empaparme de su recorrido libertario;
la sensación que experimenté en aquel momento fue el estar frente a
alguien que encerraba la tradición más granada de las luchas
libertarias; existía en el una sabiduría que no era teórica ni
práctica, sino milenaria, y que de alguna forma se entrega al modo de
un legado, de generación en generación, fue extraño… pero real.

Adiós amigo Daniel, tu regreso nunca se concretó, pero de alguna forma nunca te fuiste.

por Felipe Tombolini

Barret, quien llegó al Congreso de Hermenéutica Libertaria como uno
más, fiel a la horizontalidad que manifestaba en sus ideas. Nos
acompañó, nos aconsejó, nos contó sus historias y nos entregó sus
experiencias como el fiel reflejo de solidaridad.

Barret, que llegó un día inesperado, nunca tuvo problemas con los
tiempos, con las comodidades, ni con las discusiones, siempre presto a
debatir, con un cigarro en la boca. Recordaremos aquella cerveza que
nos invitaste a tomar, aquellas historias de los viejos anarquistas, y
aquella esperanza de que los nuevos también tenemos algo que decir y
seguir construyendo.

Firme y real en su idea, entregó lo necesario para creer que
práctica y teoría son aplicables revolucionariamente, que el discurso
anarquista puede ser amigable y fuerte en su crítica a la vez. Que un
anarquista puede llegar a los 50 años, pensando y creyendo en un mundo
mejor; era un hombre, un revolucionario.

por Ex-Asamblea del Primer Congreso de Hermenéutica Libertaria Chile 2007

ARTÍCULO DE DANIEL BARRET:

“Anarquismo en Chile. Un Congreso y bastante más”

El Congreso de Hermenéutica Libertaria celebrado en la Universidad
de Santiago de Chile (Usach) los días 6 y 7 de diciembre de 2007 era
sin duda una buena oportunidad para conocer de cerca el panorama del
movimiento anarquista chileno; un movimiento minoritario pero pujante,
con sus problemas y altibajos propios y no obstante con posibilidades
ciertas de desarrollo inmediato.

Un atractivo adicional lo constituía el hecho de que muy poco tiempo
atrás los grupos anarquistas comenzaron a constituir motivo de interés
para la prensa grande local [1], para los organismos represivos del
Estado [2] e incluso para esa izquierda institucional y coqueta a la
que le disgustan sobremanera aquellos “desbordes” e “indisciplinas” que
están fuera de su control [3].

En el Congreso no hubo “hermenéutica” en sentido estricto pero su
sola realización en los sobrios espacios de la Escuela de Periodismo de
la Usach es un elemento empírico más de confirmación de la acogida
progresiva que la temática anarquista viene recibiendo en ámbitos
académicos de distintos países latinoamericanos; una acogida
instrumentada en este caso por un entusiasta grupo de estudiantes que
aprobaron su primer test organizativo con encomiables calificaciones.

Pero, claro, si bien la estructura del evento y la dinámica de
desarrollo del mismo intentaron ser diseñadas inicialmente de acuerdo a
cierto modelo implícitamente impuesto por la academia, era obvio en
casi cualquier cálculo previo que todo ello habría de ser excedido con
tanta premura como convicción. De tal modo, no sólo cabrá prestarle
atención a la temática abordada desde su formato académico sino también
y quizás sobre todo a aquella otra que es posible deducir a partir de
los emergentes que jalonaron los debates subsiguientes.

El Congreso de marras, por lo tanto, no podrá ser reducido a las
ponencias presentadas sino que su significación última o principal
radica en los espacios de reflexión que permitió reimpulsar: algo en lo
que la academia acaba perdiendo su margen de protagonismo inicial y
cediendo tales relevancias al movimiento anarquista propiamente dicho y
a sus escenarios naturales y reiterados de lucha.

Digamos, sin entrar en detalles de engorrosa enumeración, que las
ponencias en sí abarcaron, con las diversidades y originalidades del
caso, buena parte de la temática que los ácratas suelen frecuentar en
este tipo de eventos [4]: la situación del movimiento en Chile y en
América Latina, la relectura de los clásicos, la investigación
histórica [5], la formulación de ciertos problemas teóricos, las
características y los fundamentos de una economía autogestionaria, el
rescate de los aportes femeninos, la reflexión sobre las modalidades
comunicativas, la pedagogía libertaria, los enfoques anarquistas en
literatura y artes visuales, etc.

Un elemento novedoso estuvo constituido por dos ponencias orientadas
a dejar planteados algunos puntos de convergencia con el pensamiento
anarquista desde las visiones humanista y cristiana [6].

Se trató, en suma, de una temática rica y nutrida que dejó en el
tapete numerosas áreas de preocupación y elaboración ulterior. De
nuestra parte, si tuviéramos que seleccionar y destacar algún aspecto
en particular, no tendríamos duda en dejar asentada la grata sorpresa
que produce encontrarse con un movimiento abrumadoramente joven y que,
no obstante, se muestra ya en condiciones de librar en un buen nivel de
profundidad las discusiones que imperiosamente está necesitado de dar.

Esas discusiones fueron precisamente las encargadas de darle al
Congreso un ánimo y una temperatura que las exposiciones por sí mismas
no estaban en condiciones de brindar. Sin embargo, no es posible
ofrecer una versión taquigráfica de tales discusiones ni tampoco parece
demasiado interesante tan siquiera resumirlas ponencia por ponencia;
algo de lo cual los organizadores del evento seguramente se habrán de
ocupar.

Lo que sí nos parece de mayor trascendencia es descifrar la
infraestructura de las polémicas puesto que en ella subyace
efectivamente la trama de controversias al interior del movimiento
anarquista chileno. De tal modo, hacemos ahora formal acto de abandono
del Congreso mismo para intentar una radiografía muy pero muy gruesa
del panorama que caracteriza a la fecunda constelación de agrupaciones
actuantes en ese medio.

No debería llamar la atención la constatación inmediata de que el
modelo de organización a construir y sus prácticas distintivas es uno
de los principales puntos de desencuentro. En cierto modo, puede
decirse que dicho desencuentro remite, en los años inmediatamente
anteriores, a la experiencia del Congreso de Unificación Anarco
Comunista; un prematuro intento de convergencia de dicha corriente que
cerró su ciclo en el año 2003 y del cual sólo sobreviven sus esquirlas.

De ese mismo año 2003 data la separación entre la Organización
Comunista Libertaria (OCL) y la Corriente Revolución Anarquista (CRA),
agregándose en el año 2005 la escisión del Frente Anarquista Organizado
(FAO); dicho esto de tal modo sólo para mencionar los fragmentos que
mantuvieron una presencia colectiva.

De tales grupos, la OCL parece ser el que cuenta con un perfil más
definido y una organización más compacta, pero son precisamente dichos
atributos los que forman a su alrededor una separación cierta con el
resto de las agrupaciones libertarias. A tal punto es así que su
discurso se aproxima más al de la izquierda revolucionaria
latinoamericana de los años 60 y 70 que al propio de los nucleamientos
anarquistas de nuestros días.

Por lo pronto, se conciben a sí mismos como un “partido” que ubica
entre sus cometidos “la alfabetización política de las bases sociales
en torno a la comprensión de la totalidad”, con la misión de “orientar,
conducir y educar”, cuyo papel es “irremplazable en el actual orden de
cosas” y que “debe apuntar en la etapa a elevar los niveles de
desarrollo de conciencia para que la implementación del poder popular
sea real”. Para mayores similitudes con la izquierda setentista, el
“partido” también levanta “la bandera de la lucha soberana y popular de
liberación, contra el imperialismo y sus aliados”. [7]

Afirmación esta última retocada algunos días después haciendo
referencia en este caso a “la lucha soberana y popular de liberación
contra nuestro enemigo común, el imperialismo y el Estado de Chile”
[8]; aunque ahora nos deja sin saber -en el plano específicamente
teórico y previo establecimiento de una relación de igualdad- si el
Estado chileno es percibido meramente como un “aliado” del
“imperialismo” o si también se lo considera una agencia de dominación
con estatuto propio.

La sintonía anárquica de las otras dos agrupaciones mencionadas es
obviamente mayor. Ahora no se trata de “alfabetizar” a nadie y una
frase distinta es la que puede resumir el posicionamiento de la CRA:
“Queremos hacer la Revolución Social en Chile (y), para lograrlo,
necesitamos potenciar un movimiento popular real, activo y crítico
frente a las condiciones injustas que caracterizan al capitalismo. Un
movimiento popular que se construye con el esfuerzo y el interés de
trabajadores y trabajadoras, pobladores y pobladoras, estudiantes,
cesantes, indígenas, jóvenes, niños y niñas de la clase explotada y
oprimida”.

Asimismo, la CRA desdeña adoptar la ambigua consigna de “poder
popular”; la que, sin perjuicio de los contenidos definicionales
libertarios que se le quiera dar, parece pensada más en tanto probable
espacio de encuentro con otras corrientes que como expresiva de una
finalidad anarquista [9].

De igual modo, la escisión del FAO también parece un intento por
recuperar algunos elementos anárquicos que la OCL fue dejando por el
camino: concretamente, la necesidad de promover una campaña
abstencionista en las elecciones del año 2005 y de animar una
metodología libertaria cabal en la vida orgánica [10].

Pero, por supuesto, estos no son ni por asomo los únicos debates
realmente existentes. ¿La teoría o la acción?, ¿la formación de ideas o
la propaganda por los hechos? Naturalmente que tales cosas son
perfectamente congeniables, pero los énfasis momentáneos bien pueden
establecer más de una separación.

Por lo pronto parecería existir al respecto una diferencia latente
pero todavía fraternal, por ejemplo entre quienes se muestran más
inclinados a la reflexión y a la elaboración teóricas y aquellos que
privilegian la agitación y el enfrentamiento inmediatos. La expresión
más clara de la primera opción está constituida por las intersecciones
entre la librería-biblioteca Emma Goldman y quienes procuran
revitalizar el Instituto de Estudios Anarquistas.

Del otro lado se encuentran los grupos a los que cabría calificar de
“informales”, entre los cuales destacan okupas como el Ateneo
Libertario, Sacco y Vanzetti o Tiao Yungay, publicaciones como Acción Directa, Sin(A)psis y Pólvora Negra o grupos estudiantiles como el Columna Negra de la zona de Valparaíso y Viña del Mar.

Es probable -pero no seguro- que en este caso planee como tema a
dilucidar el ejercicio, el tono y la gravitación que asuma la violencia
callejera; una diferencia que probablemente sea más aguda con grupos
como las Fuerzas Autonómicas y Destructivas León Czolgoscz o la
Federación Revuelta Sección Antipolicial Antonio Román Román [11], que
ya cuentan en su haber con episodios clandestinos y nocturnales.

Podría decirse que otro gran tema está constituído en torno al
arraigo en los movimientos populares de base. Así, con claras
preferencias en tal sentido, podemos encontrar a la Sociedad de
Resistencia de Penco afín a la AIT, Construcción Obrera de Santiago y
quizás también el boletín Agitación [12], volcados
fundamentalmente hacia el medio sindical; al Frente de Estudiantes
Libertarios, con presencia cierta en los ambientes universitarios
públicos y privados de Santiago y de Concepción; al grupo Ni Casco ni
Uniforme, vinculado a las movilizaciones contra el servicio militar; a
Mujeres Creativas, ligado a redes feministas chilenas e internacionales
al tiempo que ha producido trabajos de recreación histórica en su área
específica; y, en fin, también a aquellos espacios de actuación
fundamentalmente orientados a las labores en las llamadas
“poblaciones”, donde agrupaciones o individuos anarquistas animan
radios comunitarias, periódicos e instancias varias de organización
social.

Si bien todo este panorama resulta rico de por sí, es importante
aclarar que las asociaciones que hemos hecho entre algunas de las
agrupaciones y sus correspondientes signos de distinción sólo cubren
una parte muy limitada de la geografía chilena y a lo ya señalado
habría que agregar las presencias constatables por lo menos en ciudades
como Temuco, La Serena, Copiapó, Antofagasta, Iquique, Arica y Puerto
Montt así como -entre aquellos rasgos que no hemos mencionado todavía-
la atención solidaria que se le presta a la problemática del pueblo
mapuche, las experiencias en el ámbito de la contra-información o las
acciones en el campo contracultural.

Algunas decenas de agrupaciones anarquistas ejemplifican y
protagonizan aquí y allá un movimiento de ebullición relativamente
reciente que tiene todavía muchos problemas para resolver y muchas
definiciones por adoptar.

Ahora bien: ¿debemos lamentarnos de tanta dispersión o simplemente
celebrarla como tal?, ¿habrá que execrarla o asignarle el papel que
puede estar cumpliendo sin que nos percatemos inmediatamente de ello?
En principio, parecería que los distintos agrupamientos responden
-además, lógicamente, de la proximidad territorial- a diferentes
prioridades y a las afinidades que éstas permiten concitar. Ni la
organización ni la elaboración teórica ni la agitación ni el
enfrentamiento ni el arraigo son temas menores o triviales desde una
lógica anarquista y tampoco debería concebírselos como recíprocamente
excluyentes: de hecho, cualquier proyecto de trabajo libertario
inmediato o de largo plazo tendría que estar en condiciones de
compaginarlos sin traumatismo alguno.

En principio, es claro que la dispersión reconocible -en Chile como
en cualquier otro país de América Latina- no es más que la forma
espontánea que el movimiento ha sabido darse para afrontar un abanico
de tareas que ninguna organización pretendidamente autosuficiente está
en condiciones de cubrir razonablemente y con ponderación. De tal modo,
la dispersión no constituye un problema sino que éste hace su aparición
escénica en tanto tal desde el momento en que la misma comienza a
traducirse en un revoltijo de rivalidades irreductibles o bien en el
intento por “resolverla” a partir de un discurso y una práctica
hegemónicos y excluyentes.

Sin embargo, no se trata tampoco de rendirle culto a la dispersión
extrema y permanente sino de valorarla cuando es tierra fértil y de
corregirla en el momento mismo en que se transforma en síntoma de
rencilla sobrante y de evitable debilidad. En el caso chileno, daría la
impresión que estamos todavía en ese tramo augural en el que la
dispersión de agrupaciones y experiencias es un elemento de
enriquecimiento y una actitud tácita que permite cubrir espacios que
seguramente no serían cubiertos desde un centro político omnisciente y
reductor.

Mientras tanto, la dispersión permite y habilita encuentros
múltiples y el establecimiento de redes parciales y de circunstancia
que van potenciando a algunos segmentos del movimiento y dotándolos de
una mayor amplitud de miras.

No es casual, por lo pronto, que los días 22 y 23 de diciembre se
realizaran jornadas conmemorativas del centenario de la matanza en
Santa María de Iquique y que en su organización hubieran coincidido
diversos colectivos: el Centro Social Ocupado y Biblioteca Sacco y
Vanzetti, las Ediciones Acción Directa, el Espacio Comunitario y
Libreria Anarquista Emma Goldman, el fanzine Zona Temporalmente Autonoma, la Productora de Comunicación Social Sin(A)psis, el periódico Agitación, el colectivo de Difusión Libertaria Usa Tu Inteligencia e Individualidades anarquistas atenienses [13].

Sin duda que este tipo de cosas, en su proliferación y en su
perseverancia, constituyen pasos ciertos en el sentido de
coordinaciones más profundas que las actuales [14]. Pero ésta es una
decisión que ya no le corresponde a los viajeros sino a los compañeros
chilenos mismos.

NOTAS:

[1] El periódico La Nación, por ejemplo, intentó realizar
una semblanza del tema en su edición del 7 de mayo de 2006, en artículo
que llevó el sugestivo título de “La resurrección de los grupos
anarquistas y libertarios”.

[2] Inmediatamente después de los incidentes habidos en las
movilizaciones del 11 de setiembre de 2006, se desarrollaron algunos
operativos que apuntaron directamente sobre grupos anarquistas. Véase,
entre otras transcripciones de prensa, “Se inicia operación represiva
en Chile. Detenidos 6 anarquistas”, radicado en http://clajadep.lahaine.org/articulo.php?p=7760&more=1&c=1.

[3] Vid. “La juventud comunista chilena afirmó que se armará para enfrentar a los… anarquistas(? !) en las futuras marchas” en http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/3510.

[4] El programa, tal como estaba previsto en el comienzo del Congreso, puede encontrarse en http://congresolibertario.files.wordpress.com/2007/12/programacongreso.pdf.
Sin embargo, el mismo sufrió luego ligeras modificaciones; sea por
ausencia o incorporación imprevista de participantes así como también
porque algunos de los ponentes del segundo día resolvieron modificar
sus exposiciones al calor de las discusiones de la jornada inaugural.

[5] La que, en esta circunstancia, estuvo obviamente centrada en el
centenario de la matanza de la escuela de Santa María de Iquique,
ocurrida en 1907; acontecimiento que, en buena medida, obró también
como “excusa” para la realización del Congreso.

[6] La segunda ponencia finalmente no se produjo, pero cabe decir
que la misma tenía el soporte orgánico del llamado Colectivo Cristiano
Esperanza Libertaria.

[7] Todas las citas fueron extraídas de “Organización Comunista
Libertaria: Análisis de Coyuntura – Diciembre 2007” recogido en
A-Infos: http://www.ainfos.ca/ca/ainfos09460.html;
subrayados nuestros. Cabe aclarar que el carácter prioritariamente
anti-imperialista de las luchas sociales y políticas era típico de la
izquierda latinoamericana de los años 60 y 70, delatando así su
incapacidad para aquilatar a plenitud las derivaciones concretas y
específicas de una entera trama de poder.

[8] En “Declaración y convocatorias ante el asesinato de Matías Catrileo”, recogido en A-Infos: http://www.ainfos.ca/ca/ainfos09522.html; subrayado nuestro.

[9] Textualmente se dice: “Ni poder privado ni popular… ¡A construir
autogestión!” El artículo se denomina “Mucho ruido y poca claridad en
la propuesta” y puede encontrarse en la página http://www.revolucionanarquista.cl/documentos1.html.

[10] La polémica correspondiente tuvo lugar, que sepamos, por lo menos en un foro de Indymedia. Vid., al respecto, http://valparaiso.indymedia.org/news/2005/07/3886_comment.php.

[11] Las Fuerzas León Czolgoscz se atribuyeron la explosión de un
artefacto el 18 de enero de 2006 en las proximidades de la Agencia
Nacional de Inteligencia y la Sección Antipolicial Antonio Román Román
se responsabilizó por el ataque realizado en la madrugada del 20 de
diciembre pasado contra la 18ª Comisaría de Carabineros.

[12] Es bien poco lo que pudimos recabar sobre este grupo en
particular y no podemos manejar otra cosa que supuestos, pero nos
inclinamos a asignarle esta ubicación a partir de su invocación a una
“editorial proletaria”.

[13] Para más detalles sobre el tema, véase http://www.traidores.org/emma/.

[14] Otro ejemplo de colaboración más estrecha entre agrupaciones
libertarias radicadas en distintos puntos de la geografía chilena puede
encontrarse en torno a la distribución de la revista Acción Directa. Véase, al respecto, la información contenida en http://www.fotolog.com/accion__directa.

por Daniel Barret

El Libertario