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Elinor
Ostrom, en su obra que refuta la «Tragedia de los Comunes» ha desafiado
la opinión convencional de que la propiedad común es siempre gestionada
de una forma pobre y que debería ser regulada por una autoridad central
o sino privatizada.
Su obra ofrece munición para aquellos de nosotros que NO creemos que
una sociedad libre requiera que toda la propiedad sea privatizada, ya
que ella ha hecho muchas investigaciones empíricas sobre, por ejemplo,
la gestión de los bosques. Su obra también tiene aplicaciones más
amplias sobre la solución de problemas de todo tipo de «bienes comunes»
que parecen paralizar el pensamiento libertario.
Recomiendo encarecidamente que la gente lea su libro de 1990, Governing
The Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action, pero
me gustaría en este post resumir por encima los principios que ella
identificó en los intentos con éxito de tratar el problema de la
«Tragedia de los Comunes» apuntados en el artículo clásico de Garrett
Hardin. La aplicación de estos principios a todo tipo de políticas
públicas nos podría llevar toda la vida (que, por supuesto, es una de
las razones por las que no lo podría hacer una sociedad planificada
centralmente).
En sus estudios lo que distingue los intentos de gestión de los comunes con éxito de los fracasos, es:
1. Claridad en los límites y las normas. Como gente legal que somos,
los anarquistas tenemos mucha apreciación de la minimización de los
conflictos innecesarios. Cuando la gente sabe lo que es y lo que no es
aceptable en el comportamiento de los demás, es más fácil para nosotros
adaptar nuestras acciones de acuerdo con estas expectativas. Por
supuesto, los idiotas que sueltan tonterías del tipo, «la ignorancia de
la ley no es excusa para incumplirla», actúan inevitablemente como
fiscales del gobierno: el resto entendemos que la ley común da su mayor
servicio para clarificar las expectativas de que la gente puede
interactuar de forma cooperativa y pacífica.
2. Información local y aceptación de estas normas. Friedrich Hayek,
co-ganador del primer Premio Nobel de Economía, estaría orgulloso. A
más cerca que alguien esté de una situación, más cosas conocerá que
otros no saben. La planificación central, incluso cuando la llevan a
cabo ángeles, no produce buenas normas por problemas de información. El
hecho de que los ángeles NO estén a cargo es, por supuesto, otro
problema. Ostrom está bien informada sobre la teoría de la «elección
pública» y sabe que los reguladores del gobierno son humanos con su
propia información Y problemas de incentivos.
3. Implicación activa de aquellos que probablemente utilizarán los
comunes en la vigilancia de su uso. A aquellos que les interesa más,
necesitan, o bien implicarse directamente, o bien delegar la vigilancia
en quienes confían. Una vez más, la planificación central,
especialmente respecto a los funcionarios del gobierno que rinden
cuentas, si es que lo hacen, a una variedad de personas mucho más
amplia que a los meros interesados en los comunes y que están metidos
en una variedad de actividades que supera la simple gestión de los
comunes, no pueden vigilarlos eficazmente y rendir cuentas. Si la gente
que más necesita los comunes no puede despedir a quien los protege, la
tragedia es inevitable.
4. Métodos de resolución de conflictos. Es básica para la teoría
anarquista la idea de que las partes en conflicto acepten la mediación
o arbitrio de una tercera parte en aquel conflicto. Una de las
injusticias de los gobiernos es que cualquier disputa entre un gobierno
y personas privadas sea adjudicada por el gobierno mismo. La evolución
de la ley común fue mucho más allá de una elección ad hoc de un árbitro
a acuerdos que permiten saber a las partes por adelantado cómo se
resolverán los desacuerdos. Los conflictos son inevitables: la
resolución de conflictos es necesaria, y evoluciona.
5. Sanciones a los violadores. Naturalmente, aquellos que sean de fiar
para los árbitros, o, peor, aquellos que se declaren «fuera de la ley»
al rechazar cualquier arbitrio de una tercera persona pueden necesitar
ser animados a cumplir sanciones proporcionadas. Los anarquistas en
general enfatizan el valor del ostracismo y el boycot, como
herramientas más eficaces contra los que son parte de la comunidad
local, pero reconocen que a veces se necesitará la fuerza contra
algunos violadores. Claramente, puede que se necesite restringir los
saboteadores físicamente para proteger el bosque. Incluso, cuando la
aceptación local y la vigilancia de las normas es fuerte, las
violaciones son raras, normalmente accidentales, y resueltas
típicamente si necesidad de la violencia.
Inevitablemente, este premio traerá la aparición de literatura más
accesible sobre las ideas de Ostrom y sus implicaciones, animará a más
académicos a investigar sobre las instituciones de gobierno voluntarias
y cómo surgen éstas, y dará credibilidad al punto de vista «libertario
de izquierda» que niega la necesidad de utilizar las formulaciones
tradicionales de derechos de la propiedad para resolver todos los
problemas (aunque no negaría que una mayor comprensión de los derechos
de propiedad como conjunto de derechos más que como un dominio absoluto
sobre un territorio es una forma de ver muchas de estas soluciones, ya
que el apoyo comunista libertario a la «posesión» puede ser reformulado
como una interpretación específica de la propiedad en vez de su
rechazo).
http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=40949





