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Morir por miedo a ser expulsado

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La corta vida de Kadero en España comenzó en algún punto de la costa
andaluza, donde arribó en octubre a bordo de una patera, según relató
nada más llegar a unos amigos de su familia que residen en Bilbao. «Sus
padres estaban muy enfadados con él porque se vino sin avisar y,
realmente, no tenía tanta necesidad», explica Iris, la madre de la
familia vasco-argelina que echó un cable a Kadero sus primeros días en
la capital vizcaína.

Aunque no se hallaban en una situación
«desesperada», eran varios hermanos y ni el padre, aquejado de una
enfermedad cardiaca, ni la madre, al cargo de la casa, tenían un
empleo. Ya en Bilbao, Kadero se encontró con que no podía acceder a un
trabajo por su situación de irregularidad. Pasaba el día en un centro
de inmigrantes donde estudiaba castellano. Por las noches, dormía en
casas de amigos y, a veces, en la calle.

Actitud sospechosa

Todo
se torció la madrugada del pasado día 6. La policía había sido alertada
de un robo en la Gran Vía y se puso a la búsqueda de los autores del
delito. Aunque en un principio la Ertzaintza aseguró que el joven era
uno de los atracadores, fuentes policiales reconocieron más tarde que
Kadero no era el ladrón que buscaban y que, sencillamente, su actitud
les pareció sospechosa. Kadero huyó y, cuando se vio acorralado, se
tiró a la ría, cerca del Palacio Euskalduna.

Los agentes le
vieron nadar unos cinco metros y luego se hundió, quizá por el peso de
la ropa, ya que iba muy abrigado. La actitud de Kadero, sospechosa para
la policía, se explica por el pánico a una orden de expulsión. «Están
aterrorizados por la idea de ser devueltos a sus países», señaló un
miembro de una ONG que trabaja con inmigrantes.

Un particular
localizó el cadáver a los diez días y a sólo 50 metros de donde
desapareció. Fatiha, una tía de Kadero que es médico en París, se hizo
cargo de la repatriación.

SERGIO LÓPEZ -  EL PAIS | Bilbao – 26/11/2009